Anonima Geek

Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.

Vive de tus padres hasta que puedas vivir de tus hijos

Niños, preadolescentes, adolescentes y  juventud. Ya no se habla de los adultos, sólo los adultos se autodenominan así. Incluso para los que tenemos 25 años (y algunos más) parece que los adultos pertenecen ya a otra generación. ¿Quiénes son los adultos? ¿Qué son? ¿Qué se supone que esperan de nosotros?

adulto, ta.

(Del lat. adultus).

1. adj. Llegado a su mayor crecimiento o desarrollo. Persona adulta. Animal adulto. U. t. c. s.

2. adj. Llegado a cierto grado de perfección, cultivado, experimentado. Una nación adulta.

3. adj. Zool. Dicho de un animal: Que posee plena capacidad reproductora.

Si atendemos a la definición del diccionario podemos dar por sentado que todos los que hemos superado la mayoría de edad, según el primer punto, somos adultos. Sin embargo, en el punto número dos es donde yo veo el conflicto. Se entiende por adulto aquel ser que alcanza cierto grado de perfección, cultivado y experimentado. En este sentido, a nosotros no se nos trata como adultos porque, según los mayores, aún no somos lo suficientemente adultos como para comer huevos.

Los adultos pertenecen a otra generación, a otro reino. Pertenecen, desde mi punto de vista, a un universo en el que hay que sufrir para merecer cuanto se tiene, un mundo en el que debes poseer cierto número de bienes materiales y cierto prototipo de relaciones sociales y sentimentales para poder formar parte de él.

Nosotros no somos adultos y, como tales, se nos ignora y se cree que se nos puede explotar. Ahora que los adultos ven difícil el modo de obtener los beneficios económicos que les permitan mantener su falso estatus de seres adultos, necesitan exprimirnos con contratos basura, puestos de becarios, salarios irrisorios y condiciones laborales nefastas.

Hay una cosa que los adultos no saben o quieren fingir que no saben. Y es que, cuando ellos ya no puedan trabajar en sus trabajos opresores con los que se amargan la existencia, se supone que seremos nosotros quienes tendremos que hacer dos cosas: una, aceptar esos cargos/puestos de trabajo, cosa que no va a pasar, porque nosotros no queremos ser adultos; dos, pagar sus pensiones, cosa que tampoco va a pasar, porque no tenemos recursos porque no nos los han dado.

«Vive de tus padres hasta que puedas vivir de tus hijos«, dice mi padre siempre. Pero mi padre, en concreto, se equivoca. En cuanto deje de vivir de ellos se acabó. Al fin y al cabo, según ellos, como tantos y tantos adultos, mi trabajo no es un trabajo, porque no tengo un horario fijo, porque no tengo un sueldo fijo, porque no tengo que llevar tacones, porque no tengo que levantarme a las siete de la mañana, porque no me quejo de él cuando llego a casa, porque me siento realizada haciendo lo que hago. Para él, mi trabajo es un hobby, una afición.

Nos miran mal porque no somos adultos. Pero, ¿quién quiere ser un adulto hoy en día teniendo en cuenta lo que significa «ser adulto«? Hay muchos términos en nuestro vocabulario que empiezan a quedar obsoletos.

padre e hijo

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Esta entrada fue publicada en julio 23, 2013 por en Social y etiquetada con , , , , , , , , .

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