Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
Sabes que las cosas no van bien cuando conviertes tu plan B en una base para un plan de huida y te encuentras a ti misma perfeccionando la estrategia para ejecutarla.
¿Me quedaría aquí? Toda la vida. Algo que odio tener que hacer sin lugar a dudas es verme obligada a volver a empezar. Empezar de cero una y otra vez es una mierda. Tienes que volver a crear tus rutinas, volver a orientarte, volver a encontrar tu hueco en un entorno nuevo, volver a localizar dónde están las cosas que necesitas y volver a reinventarte a través de tus nuevos recursos.
Sólo las personas que lo hemos hecho muchas veces sabemos lo que se siente.
Pero si hay algo peor que tener que volver a empezar es la sensación de estar atrapada. Crecí en un régimen totalitarista paternofilial. Mi madre me puso de patitas en la calle en el momento en el que perdieron el control legal sobre mis actos. Y desde entonces, me he pasado la vida huyendo de los amos y señores que han pretendido adueñarse de mi vida.
Odio las imposiciones.
Creí que aquí estaría a salvo, pero de nuevo me han encontrado y de nuevo tengo la impresión de que necesito irme. Necesito un lugar en el mundo que esté lo suficientemente lejos, necesito estar a salvo de sus garras. No puedo vivir tan cerca de esa sombra oscura y cancerígena que invade mi hogar y se mete hasta entre las grietas de la madera. Es peor que las termitas.
Me estoy ahogando y siento que estoy en un gran peligro psicológico.
Lo peor de todo es la terrible sensación que me persigue de que jamás estaré a salvo. La sensación de que vaya a donde vaya siempre acabarán encontrándome y volviendo a perseguirme. Angustia. Rendirme o luchar.
Hoy no estoy para estas cosas.