Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
Dicen por ahí que los domingos son días de descanso. En mi pueblo dicen que no se puede trabajar, de hecho, si te ven trabajando se sorprenden un montón y te echan hasta la bronca.
Sin embargo, los domingos son el único día de la semana que, si no tengo que ir a trabajar, puedo dedicarme a hacer el papel de ‘el hombre de mi casa’. Se suponía que tener un novio de la constru era una ventaja en lo que a ‘arreglar cosas’ se refiere. Y sí, vale… es un tópico machista, pero había que intentarlo.
Resulta que en la época de la igualdad de sexos esas ideas no funcionan. Al final una tiene que buscarse un domingo como otro cualquiera y en lugar de invertirlo en descansar, lo inviertes en darle caña al taladro, la lijadora, la sierra de calar, el martillo…
Me duele hasta la última pestaña.
Lo que más gracia me ha hecho ha sido cuando le he pegado un telefonazo para preguntarle dónde estaba la dichosa sierra de calar y me ha contestado eso de: ‘cari, déjalo si quieres y luego cuando vaya a casa yo te lo arreglo’. Me moría de la risa. Esa misma frase me la soltó hace seis meses y todavía a día de hoy tenía la puerta de la entrada de casa rota.
En fin. Sólo me ha costado un par de dedos (están… dañados, pero volverán a funcionar cuando se me pase el dolor), pero por fin tengo puerta.
¿Moraleja del asunto? No esperes por nadie. Todo lo que puedas aprender a hacer por tí mism@ lo harás cuándo y cómo quieras sin depender de los demás.
Por cierto, ¿sabíais que los domingos traen mala suerte? Pues sí. Hoy se me ha cerrado la puerta de la calle y me he dejado las llaves dentro. He tenido que pedir una escalera para poder entrar por el balcón de casa. Oh, y un siniestro ‘Fulanito de Tal’ me ha mandado un mail preguntándome si soy la yo que estudió el master en la escuela en la que estudié porque por lo visto me andaba buscando desde entonces y si no era yo no sabía dónde podría encontrarme… siniestro, ¿no?