Anonima Geek

Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.

La boda, la furgoneta embarrada y el gripazo de la historia

Tengo que dejar de fumar urgentemente. Al menos tengo que dejar de hacerlo en situaciones festivas… aunque tampoco es que fume mucho más allá. Pero es que no puedo evitar ser una fumadora social. Me aburren las conversaciones, no puedo beber a la velocidad de los demás y casi siempre tengo la sensación de que no debería estar donde estoy cuando salgo de fiesta. Así que salgo a fumar y me desconecto de la situación social. Es como la excusa perfecta para no estar presente en el sitio en el que estás.

Y esa estupidez es la que me ha derivado al trancazo que llevo en el cuerpo. Una boda en un hotel en medio de un pueblo perdido de La Rioja. Sí, bueno, turísticamente hablando el pueblo es famoso pero… ¿a quién le importa? Toda la ceremonia se desarrolló dentro de un hotel, así que desde que llegué a la boda hasta que me fui estuve como 12 horas metida dentro de un hotel. Precioso. Pero nadie tuvo en cuenta la opción de habilitar algún espacio caliente para fumadores, así que… 12 horas saliendo y entrando con un vestido de tirantes, tacones y chuzos de punta y aguanieve en el exterior. Fue la única pega.

Bueno, esa y el hecho de que fui de acompañante del hombre que duerme en mi cama y no conocía allí a absolutamente nadie más que, por lo visto, a la madre del novio, a quien le caigo bien y se pasó insinuándome todo el fin de semana que tal vez podríamos invitarla pronto a nuestra boda. No llegué a contestarla nunca porque con los años me he vuelto diplomática pero… esa es la principal razón por la que odio las bodas y los embarazos. Todos quieren compartir su amor y su felicidad y todos quieren que sus hijos tengan amigos de su edad. Egoísmo social, supongo.

Y no, el hombre que duerme en mi cama sólo duerme en mi cama. Y cena única y exclusivamente cuando él se hace la cena. Y no va a venirse a vivir conmigo hasta que no aprenda a cuidar de sí mismo porque no pienso ser ni su madre ni su ama de casa. Y no, no me interesa una relación íntima de nivel estable, madura y formal. Y sí, es una posición egoísta, pero mi egoísmo frente al egoísmo social… en eso consiste ser un ser independiente.

Más allá del tema de la boda, el regreso al hogar fue un poco inestable. Dado que llegué con una mezcla tremenda de resaca y gripe estuve derrotada día y medio arrancándome por partes para poder poner orden. Estaba tan enferma, tan sin fuerzas, que tuve que subir a la escuela para el curso de costura en coche. No era capaz de subir la cuesta de mi casa al parque… mucho menos la del Ayuntamiento.

Y aprovechando que tenía la furgoneta, se me ocurrió la fantásticas idea de acercarme a cerrar las gallinas con la furgo. Y la embarré. Estaba tan febril que no me di ni cuenta de por dónde metía la furgoneta hasta que fue demasiado tarde. La fuerza de la costumbre hizo que nadie se sorprendiera cuando caminé tranquilamente y expliqué a los chicos del pueblo con toda la tranquilidad del mundo lo que había ocurrido. Nos echamos unas risas, trajeron su coche y una soga, amarramos la furgo y me sacaron del atoalladero. Luego nos tomamos unas cervezas.

Supongo que a todo el mundo nos pasan cosas. Supongo que todos tenemos problemas y a todos nos ocurren incidentes y catástrofes más o menos gordas. Imagino que la diferencia está en la forma en que te tomas las cosas y la importancia que le das.

La vida avanza y continúa y mientras sale de mí el mal que anida en mis pulmones no puedo evitar mirar los pañuelos arrugados y pensar que, en el fondo, se trata de eso: la mierda hay que expulsarla del cuerpo. No es más que una metáfora física que nos explica cómo debemos tomarnos las cosas. El sudor, las micciones, todos esos fluidos que nuestro cuerpo expulsa de forma más o menos natural para indicarnos que no nos hace bien retenerlos… no es más que una forma simple y básica que tiene nuestro cuerpo de decirnos: no te guardes la mierda dentro. Alimentar la depresión, la ira, el odio y esas cosas… es como el estreñimiento. Imagínate alimentar un cáncer emocional.

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Esta entrada fue publicada en marzo 2, 2016 por en Crítica, Social y etiquetada con , , , , , , , , .

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