Anonima Geek

Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.

La rama más alta

Otro año más de campaña de cerezas. La verdad es que este año no ha sido tan bueno como otros… no me ha dado para comprarme otro coche jeje Pero la cereza siempre da algo para invertir para mejorar el futuro.

La campaña es algo que verdaderamente me gusta. No por el hecho de ir a coger cerezas, sino porque es como una especie de intervalo o momento importante en mi vida. Fue el origen de todo mi cambio radical de existencia, el medio a través del cual conseguí mi primera oportunidad de empezar a invertir en mi futuro y el camino a través del cual he llegado a donde estoy. Y continúo en la senda del cambio.

La cereza, además, vino en un momento de mi vida en el que tenía muchos miedos y muchos frenos psicológicos y emocionales que me impedían crecer como persona. Tuve que aprender a ser resistente para valer lo mismo que otros trabajadores acostumbrados al campo, tuve que aprender a reponerme del dolor muscular y de huesos cuando llegaba a casa. Y tuve que aprender a cargar las cajas de 25kg como si fueran pluma, a subir y bajar de las ramas cargada con cubos llenos de cerezas y a aguantar horas y horas de sol y de esfuerzo físico para poder rendir al nivel de los demás.

Lo que más miedo me daba el primer día eran las alturas. No era una fobia, ni un pánico, pero me daban algo de vértigo. Cada vez que me subía a la escalera, me temblaba todo. Y encima siempre he tenido el equilibrio algo flojo porque tengo problemas de audición de cuando me maltrataban. Así que las pasaba canutas subiendo y bajando.

Sin embargo, de tanto subir y bajar del árbol, aprendí dos cosas esenciales: una que los cerezos son extremadamente flexibles, es decir, puedes coger la punta más alta con un gancho metálico y tirar de ella hasta que ‘se queja’ para bajar la rama al suelo y coger sus cerezas sin partirla; y la otra, que los árboles siempre son más estables que las escaleras metálicas y que, cuando la escalera está mal asentada y se te cae, lo mejor que puedes hacer es saltar a la rama más cercana.

Cuando me quise dar cuenta, trepaba a los árboles como si fuera un mono y las cajas habían dejado de ser un problema. Al final, tu cuerpo se adapta al ejercicio físico y te pones, como dicen, ‘en forma’.

La reflexión que yo saqué de mi primer año de cerezas, no fue lo bien que había aprendido ni lo contenta que estaba con el dinero que había ganado… la cosa es que no me di cuenta hasta varios meses después de que aquella campaña de fruta había cambiado mi vida en el sentido de que tras haberme descubierto capaz de subir a las ramas más altas de los árboles y de cargar más de 2.000kg de cerezas yo sola, ya no tenía miedo.

Supongo que aquel enfrentamiento radical con la vida rural me hizo darme cuenta de que no tenía nada que envidiar a nadie. Gané mucha seguridad en mí misma y  mucha confianza. Y, desde entonces, nunca más me importo qué pudiera decir nadie sobre mi persona, porque aprendí a conocerme a mí misma y a saber hasta dónde llegan mis capacidades y mis limitaciones.

Así que, una vez más, cerramos otra campaña de cerezas que, aunque breve, no deja de transportarme a aquella época de novata en la que, incluso, llegué a caerme del árbol. Pero esa es otra historia y será contada en otro momento.

Deja un comentario

Información

Esta entrada fue publicada en julio 4, 2016 por en Emprendiendo, Vida Rural y etiquetada con , , , , , , , , , , .

Descubre más desde Anonima Geek

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo