Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
¿Cuántas veces deben destruirse los sueños de la vida de una persona hasta alcanzar la paz? ¿Cuántas derrotas debemos sufrir antes de alcanzar la victoria? ¿Cuántas veces hay que perder para ganar al menos una? ¿Cuántas veces hay que tocar fondo antes de salir adelante?
Guerra, guerra, guerra y más guerra. Había pasado tanto tiempo y era tanta la miseria que resultaba difícil y complicado entender de qué iba el asunto. ¿Éramos la resistencia? ¿los rebeldes? ¿luchábamos para el sistema? Ya nadie recordaba los valores que fueron el origen de todo. Porque los hubo, o eso creíamos. Pero cuanto más se peleaba, cuanto más se luchaba, cuanto más se mataba, más hambre y miseria se desperdigaba por el mundo y más difícil era tener las cosas claras.
Al final, no importaba. En un mar confuso de cuerpos heridos y moribundos, de sufrimiento, dolor, sangre, huesos rotos, hambre y enfermedad, la única guerra por la que luchábamos era la supervivencia pura y dura.
Nos habíamos dejado el alma, el corazón, la mente, nos lo habíamos dejado todo en una guerra que no avanzaba en ninguna dirección. Ya nada tenía sentido. A pesar de todo, seguían matando a gente, seguían viniendo a matarnos, si no era por una razón era por otra, y nosotros también matábamos a los que venían.
Sangre, sólo eso, sangre y desesperación. ¿Merecía la pena vivir?
En algún momento las heridas fueron demasiado grandes como para volver a ponerme en pie. En algún momento, mi guerra acabó. ¿Demasiado pronto? ¿Demasiado tarde?
En medio de las tinieblas mis ojos volvieron a la vida. No recordaba en qué lugar del mundo había perdido el conocimiento, ni de qué manera, no era capaz de orientarme. Y por primera vez, sentí paz. Una cabaña en mitad del bosque, un fuego chisporroteando. No tenía ropa, sólo dolor, dolor lacerante que atenazaba mi piel por un lado y mi interior por otro. No quise moverme. Tumbada de costado sentía algo más: un calor suave que provenía de otro cuerpo junto al mío. El cuerpo de aquella persona que había recogido lo que quedó de mí y se había entretenido en rescatarme.
«Yo también te quiero, bello ser del universo», escuché el susurro cerca de mi oreja, demasiado cerca.
«Repítelo», supliqué, o más bien gruñí con la garganta seca.
Se removió detrás de mí y resopló. No sabía que estaba despierta, o quizá no lo estaba y lo estaba soñando. Él nunca lo repitió, quizá tampoco lo dijo nunca. Pero en aquel momento, una leve chispa se encendió en mi interior.
Quizá la lucha ya no tenía sentido. Quizá la guerra era absurda. Quizá, lo único que importaba en aquel momento y en aquel lugar era el calor de su cuerpo contra el mío, el chisporroteo de su fuego, la piel del oso abrigando mis heridas, la suavidad del viento meciendo las ramas del bosque junto a las ventanas…
Este blog es pura ficción, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia y sólo demuestra que tienes un problema severo de autoestima y protagonismo. No seas ególatra!! Se trata de mí, no de ti, por una vez en mi vida. Además es como la peli del Makinavaja: va a ofender a todas las insituciones posibles habidas y por haber... así que si te ofende, es que hice bien mi trabajo o te autoidentificaste como parte del problema social.
Anónima Geek by Bárbara H Ballesteros is licensed under CC BY-NC-ND 4.0
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Se puede morir muchas veces en una vida, se resucita, para ser otro, pero llevamos en nosotros múltiples epitafios, de quienes fuimos….besos al vacío desde el vacío
Debe de ser eso… vivimos para morir y morimos para volver a nacer y seguir viviendo. Grandes tus comentarios.