Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
Me hacen mucha gracia las personas que se dedican a llorar por los rincones y a culpar a todo el mundo de sus problemas sin solución. Aquellas que ondean la bandera de “víctima” y repiten el mantra constante que reza “me ha jodido la vida”. Es más, me resultan patéticas las personas que revolotean alrededor de esos seres dándoles la razón y fortaleciendo su lamento “pobre, sí que le han jodido la vida, sí… qué hija de puta”.
Me parto del circo.
Mira, cariño, la vida no nos la joden los demás, nos la jodemos nosotros mismos. Y te lo dice una que sabe de lo que habla. Las putadas están ahí, las malas personas, los errores, las malas decisiones… pero ¿quién nos obliga? Nadie. ¿A caso veis que yo considere que me han jodido la vida? No me la jodieron aquellos que intentaron destruir mis sueños, no me la jodieron mis exnovios tóxicos, manipuladores, posesivos y violentos, ni siquiera me la ha jodido quien coño haya tenido la feliz idea de quemarme los coches. Tampoco me la ha jodido la mala gente con sus mentiras y sus rumores.
¿Pienso que en general sois unos hijos de la gran puta? Sí. ¿Me jacto llamándoos mentirosos, abusones y cabrones? Sí. Pero no voy a dejar que nadie se lleve el mérito hinchando el pecho y señalándome con el dedo por la calle diciendo a voz en grito: “yo te jodí la vida para siempre”. No, qué va.
Mi vida es mía. Igual que a cada uno le pertenece la suya. Y, perdona que te lo diga, pero dentro del contrato de poseer una vida existe la cláusula de ser responsables con lo que hacemos con ella.
No, cielo, yo no te he jodido nada. Tus mentiras te las cuentas tú y las consecuencias de tus actos son tuyas. Yo no te hice nada.
¿No te salió bien la jugada? No es culpa mía, te equivocaste de chica. ¿No conseguiste lo que querías? No es culpa mía, elegiste mal. ¿No era el resultado que esperabas? Qué mala suerte. Pero no me eches a mí la culpa. Conmigo las cosas siempre están claras desde el primer minuto: no soy tuya, no tengo dueños, hago lo que quiero, gestiono mi vida y mi dinero y tengo mis prioridades. Tanto si es por amor, como si no, el contrato está claro: no me la juegues y yo no te la juego. Estabais avisados.
¿Tu ego no te dejó verlo? ¿Era la primera vez que te enfrentabas a alguien como yo? No, claro que no, porque a tu edad sigues estando divorciado, sólo y con problemas severos de alcohol. ¿No decías que eras alguien muy importante, con muchos contactos y mucha influencia? ¿No decías que tenías no sé cuántas ofertas de trabajo? ¿Que sólo tenías que chasquear los dedos para que apareciera tu gente a resolverte la papeleta? ¿Qué ha pasado? ¿Dónde está esa gente? ¿Dónde están tus contactos y tus amigos? ¿Por qué no estás trabajando en ese puesto de responsabilidad en el que ibas a ser tan rico? ¿Por qué sigues chupando de la botella en el bar y lamentándote sin avanzar a ninguna parte metiéndote conmigo? ¿No decías que ahora todo el pueblo iba a enterarse de quién eres en realidad? Palabras que dijiste, por cierto, justo antes del asunto de los coches y motivo por el cual figuras en la denuncia como presunto sospechoso. ¿Es culpa mía que me amenazaras justo antes? Yo creo que no.
Lo que te ha pasado es que cuando te dije que no quería saber más de ti no supiste asimilarlo. Te eché de mi casa y te llevaste las llaves porque creías que te dejaría volver, creías que podrías entrar y salir de mi propiedad y hacer lo que te diera la gana. Y te equivocaste. Porque tengo sistema de alarma y no puedes saltártelo. Creíste que estaría al otro lado del teléfono y que podrías mandarme mensajes para manipularme y que volviera a caer en tu trampa. Creíste que podrías llamarme por teléfono hasta que me cansara, me rindiera y contestara a la llamada. Creíste que tener tus cosas en mi bodega te daría la oportunidad de volver a vernos a solas. Creíste que si estaba jodida no tendría más remedio que recurrir a ti. Qué patético. ¿Para qué? ¿Para volver a tener la misma discusión? ¿Esa en la que yo te digo que me dejes en paz y que te largues y tú te dedicas durante horas a darle vueltas a la tortilla en busca de un argumento que me convenza de que tienes razón y merece la pena volverlo a intentar?
No, cariño, no… esas cosas conmigo no funcionan, no funcionaron nunca y no funcionarán jamás.
Me perseguiste en los bares y en el supermercado y no permití que te acercaras a mí. Y mira que eres pesado y cansino. Me pediste tus cosas en el bar y te contesté lo mismo que te dije en mayo: vienes con la Guardia Civil y te las llevas.
¿Por qué no lo has hecho aún? ¿No tienes dónde meterlas? ¿No tienes cómo llevártelas? ¿O todavía crees que te daré la oportunidad de meterme en un embolado de los tuyos para que todo el pueblo sepa lo pobrecito que eres y lo mala que soy? No, amigo, las cosas no son así. Ya lo sabes, yo soy la mala, ¿no? Pues no esperes que sea la buena y que vuelva a dejar que te salgas con la tuya. No va a colar.
Hoy ha venido un amigo a decirme que le has pedido que saque tus cosas de mi casa. Así, de gratis. Te voy a explicar cómo funciona el asunto, igual que se lo expliqué a la Guardia Civil e igual que se lo he explicado a mi colega. Toma nota.
Las cosas que tengo guardadas en mi bodega valen mucho dinero. Y no son mías. Donde están, están protegidas y a salvo, bajo vigilancia, con sistema de alarma y cámaras. Nadie puede tocarlas. No soy tonta, cariño, no voy a permitir que nadie las toque. Son tuyas. Y dejarlas en manos de cualquier persona que no seas tú es una irresponsabilidad muy seria.
¿Cuál es el plan? ¿Decir que te robamos las herramientas? ¿Esperar a que mi colega te las de y decir que nunca te llegaron? ¿Acusarnos de mentir? ¿O quizá esperas poder colarme el robo y utilizar a mi colega para demostrar que se las di a otro? No tío, con la gente no se juega y me odies lo que me odies no tienes derecho a jugar con personas inocentes. No te lo voy a permitir.
Por eso mi colega ha vuelto hasta ti con un mensaje muy claro: si quieres tus cosas, tendrás que venir a buscarlas. Pero tenlo claro, con testigos de mi confianza. Porque te llevarás tus cosas, pero pase lo que pase y sea lo que sea lo que se te ocurra, siempre habrá alguien que pueda corroborar que tú te las llevaste. Y si se te ocurre montarme un circo no te preocupes, para eso están las cámaras de seguridad, los testigos y la Guardia Civil. Ándate con pies de plomo y haz las cosas bien.
Ya te dije en su día que conmigo no se juega. Jugaste y perdiste. No es mi problema que no sepas dónde te metes cuando te creces y te crees guay. Si te jodió que te retara a cumplir tus promesas y quedaste como un farsante, no haberme mentido. Y si tu vida es una mierda, tío, no te regocijes tanto: resuélvela. Vas a llevarte ya un año dando vueltas a la misma gramola sin avanzar en ninguna dirección. Las personas que no se esfuerzan, por mucho que lloren, tampoco maman, cielo… hoy en día hasta para mamar hay que ganárselo y llorando por los rincones no vas a conseguir ni que me sienta culpable ni que me apiade de tu alma.
Y eso puedes aplicárselo a quien quieras: ¿os dolió que me defendiera? ¿os dolió perder? ¿os dolió creer que me teníais atada y que podíais conseguir de mí lo que quisierais? No. Lo que os duele es haberos equivocado conmigo. Nadie me utiliza si yo no quiero, sólo creísteis que teníais poder sobre mí porque yo lo consentí. Si os vinisteis arriba y se os olvidó la piedra sobre la que os apoyabais, no echéis la culpa a la piedra, fuisteis los demás, quisisteis colármela y no funcionó. Son muchos años ya, amor, os conozco bien. Nadie vende duros a pesetas y nadie se interesa por mí si no es porque quiere algo, porque aquí funcionáis siempre por interés y se os ve venir de lejos. No es que no perdone, porque no tengo nada que perdonar, os acepto tal y como sois. Pero aprendo. Siempre aprendo. Sobre todo aprendo de las personas que me rodean, de las que mienten, de las que manipulan, de las que fingen ser tus amigos, de las que fingen olvidar, de las que fingen hacer más de lo que hacen, de vuestras mañas, trampas y triquiñuelas. Me gusta aprender vuestras reglas del juego. Lo que no os gusta es jugar y perder.
Os doy un consejo gratis: si no os gusta perder, no subestiméis a la gente, no intentéis manipular a nadie sin aseguraos primero de que podéis hacerlo y no os metáis con una persona a la que consideráis loca, al fin y al cabo, si estoy loca y me puteas… ¿quién tiene la culpa? Podríais haber sido más listos que yo, podríais haber tenido todo lo que quisierais de mí, pero no os molestasteis en conocerme, disteis por sentado lo que os pareció, me prejuzgasteis, me etiquetasteis y no tenéis ni la más remota idea de cuál es mi motivación. Si no sabéis fingir que la gente os importa de verdad y no sabéis ni queréis esforzaros en conocer y amar a las personas para establecer un vínculo real de amistad, si no estáis dispuestos a corresponder lo que pedís y se os da, no seáis idiotas. No perdáis tiempo fingiendo, se os nota demasiado. Sed sinceros desde el principio y decid claramente qué queréis conseguir… y negociadlo con todas las cartas sobre la mesa. Pero, desde luego, si vais por la vida de listos pretendiendo hacer creer a todo el mundo que sois súper buenas personas y súper amigos y no sois capaces de interpretar el papel, no os sorprendáis como os estáis sorprendiendo. Si mentís y os descubren, no echéis la culpa a los demás, ¡hasta para mentir hay que tener carrera! Y no sólo política… la mentira es una ciencia multidisciplinar, hace falta mucha formación y mucho conocimiento que no tenéis. No me llaméis hija de puta sólo por haber aprendido de vosotros y haber sabido jugar mis cartas para no caer en vuestras trampas, pusisteis las reglas y repartisteis la mano. O sí, llamadme hija de puta, pero por la rabia que se que os da que en lugar de dedicarme a llorar y lamentarme como los demás, haya sabido apañarme con lo poco que tenía y las putadas que me habéis hecho. Os a salido mal.
¿Y yo? Como le digo a mi colega: si preguntan por mí diles que estoy bien, viviendo mi vida, y si quieren saber más, que pregunten a mis abogados. Si no, contentaros con vuestras elucubraciones en el bar.

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