Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
Se supone que vivimos en la era de la maravillosa gestión emocional, pero ¿de qué gestión emocional estamos hablando? Me paso la vida diciéndole a todo el mundo que tiene derecho a sentirse de esta o de aquella manera, se supone que es lícito sentir frustración, ira, tristeza, miedo, estar de los nervios… pero ¿qué pasa con mis sentimientos y emociones? ¿dónde está la validación de mi persona?
Desde que pasó lo que pasó todo el mundo me dice que no tengo que ponerme así o asao. Por lo visto, no puedo ponerme de los nervios, no puedo estar alterada, no puedo estar enfadada, no puedo reaccionar ante las circunstancias, no puedo estar triste ni asustada, no puedo necesitar cariño ni consuelo, no puedo, no puedo, no puedo, no puedo… todo son negaciones ante mi estado emocional.
Es evidente que mi situación actual no es normal ni fácil ni cómoda. No sé, no me encuentro en circunstancias de hacerme cargo de cómo se sienten los demás y aún así hago el esfuerzo de ser comprensiva y tolerante con la distancia, el victimismo, el drama de cada quien. Y sí, me parece que no soy quién para juzgar si las dificultades de los demás son lícitas o no porque, al fin y al cabo, todo el mundo tiene derecho a sufrir su drama particular. Pero no, no me parece justo que prediquemos socialmente la tolerancia y la responsabilidad afectiva y que a mí no se me de permiso para expresar todo el caos en el que estoy sumida.
Joder, ¿por qué tengo que sentir compasión de las personas que tienen trabajo o familia o personas en casa haciendo las tareas? Vale, ¿y qué si tu marido no hace las cosas exactamente como tú quieres? ¿y qué si tu trabajo es un coñazo? ¿es que nadie se da cuenta de que yo no tengo nada de eso? Siento que me encuentro gritando de angustia, pidiendo auxilio, rompiéndome la garganta en medio de un mundo lleno de personas sordas y ciegas que no son capaces de darse cuenta de que existo. Y todo lo que recibo por parte de la humanidad es el reproche por no aceptar que todo el mundo está demasiado ocupado resolviendo problemas que ya quisiera tenerlos yo.
Estoy paralizada en medio del vacío, sin medios ni recursos y sin un sólo hombro sobre el que llorar.
No puedo ir al médico, no puedo comprar un kilo de gominolas para darme un atracón desesperado, no puedo emborracharme de fiesta con la gente para fingir que no pasa nada, no puedo pagar la mitad de las facturas y ni siquiera puedo salir de aquí porque me han coartado todas las libertades.
Mi abogada no me responde, la Guardia Civil no asume la jaula en la que me ha encerrado, no puedo evadirme, no puedo alejarme de aquí, no puedo hablar con nadie, no puedo gritar ni llorar, no puedo hacer nada más que conformarme y aguantarme con lo que tengo, escuchar la absurda idea que tiene todo el mundo de pensar que se encuentran en situaciones más difíciles que la mía.
¿Sabes qué es lo peor? Que cuando ya me canso de que me digan que no puedo reaccionar de tal o de cual manera nadie sabe decirme cómo se supone que tengo que estar o cómo se supone que tengo que sentirme.
¿No puedo estar asustada ni preocupada? Claro, fluye con la vida, mujer... sólo estás bloqueada física, económica y psicológicamente en medio de la nada sin salida a ninguna parte. No tengo ni idea de qué hacer o qué esperar o qué va a pasar. Siento que mi vida depende del testimonio de personas que no son capaces de cogerme el teléfono, que todo el mundo está demasiado preocupado en sus propios asuntos y que estoy sola en todos los aspectos frente a una situación para la que no encuentro una respuesta.
Todos mis valores se han ido a la mierda y tengo la impresión de que la solución de todo el mundo es dar la espalda a algo que no saben cómo gestionar. Pero la realidad es que nadie asume ni se responsabiliza del asunto.
Y no me vengas ahora con la gilipollez de que no puedo culpar a los demás de mis movidas, porque no lo hago. Me estoy responsabilizando de mis cosas y he hecho todos los putos papeleos y todas las gestiones que estaban en mi mano para poder defenderme y resolver esta mierda. Lo he tramitado todo: ayuda psicológica, ayuda psiquiátrica, ayuda económica, acciones legales para esclarecer lo que a la sociedad le importa un pijo. Y con todo y con eso me siguen mirando como si yo tuviera la culpa de que a la sociedad se le fuera la pinza.
Los que decían ser mis amigos me evitan y quienes se compadecen de mí prefieren darme la espalda para no perder un puto día de trabajo.
Gracias. Gracias de verdad. Siento que mi vida no vale lo suficiente como para que todas esas personas que se han llenado la boca hablando de la justicia, del amor, de los derechos y del mundo me dediquen una mañana, una triste y mísera mañana que no va a cambiar nada en la vida de nadie y que a mí va a devolverme todo lo que he perdido.
¿Qué se supone que tengo que hacer? ¿Pedir disculpas por no haber hecho suficiente en todos estos años como para que a alguien le importe mi seguridad?
Estoy cabreada, confusa, asustada y preocupada. Estoy de los nervios y me muero de ansiedad de no saber qué esperar ni cuándo. Me siento desprotegida, abandonada e ignorada y me decepciona no encontrar ni una pizca de humanidad, de empatía, de comprensión por parte de la sociedad que me rodea.
¿En qué se ha convertido el mundo? ¿Unas copas, un puñado de euros que no va a cambiarte la vida o el miedo a responsabilizarte de las emociones que provocas en los demás va a impedirnos ser personas?
Me acusan de egoísta y me dicen que sólo me importo yo misma, que no me hago cargo de la situación personal de los otros ¿Alguien se para a pensar en mi situación? En dos semanas me han hecho llamar a mil números de teléfono para pedir asesoramiento y en todas partes me dicen lo mismo: no puedo hacer nada, ¿qué quieres que haga? ¿Cómo demonios quieren que yo lo sepa? ¿Igual lo que quiero es que hagas tu trabajo que es para lo que te pagan? ¿Cómo voy a saber yo cuáles son las competencias profesionales o laborales de otra persona? ¿A caso tengo yo que saber qué tiene que hacer cada uno según su puesto porque los profesionales que trabajan no tienen ni idea de qué hacer?
Ayer mismo le colgué el teléfono a un soplagaitas que quería explicaciones de por qué el banco no había pasado la factura. Le expliqué que llevo sin cobrar desde mayo y que he agotado mis recursos y que hasta fin de mes o quizá para el año que viene no voy a empezar a cobrar para poder hacer frente a esa factura y que cuando llegue el momento pagaré los retrasos que sean pertinentes. Y el tío venga a preguntarme si no podía sacar el dinero de alguna parte. Pues no… he agotado todas mis fuentes de recursos y estoy a la espera. Pero no lo entendía. Más de media hora después intentando explicarle al hombre que ya no puedo pedir dinero a nadie más y que hasta que no lleguen las ayudas de servicios sociales no puedo hacer nada, el tío seguía preguntando. Finalmente, me vi obligada a decirle que dado que la conversación estaba siendo absurda y frustrante iba a colgarle el teléfono y que cuando entre dinero en la cuenta ya pagaré lo que tenga que pagar, como si me subes los intereses del préstamo el 50%, me la suda. Creo que ahora tengo problemas más importantes que resolver que ese. Así que colgué el teléfono y el muy idiota sigue llamando a la espera de que le encuentre una solución mágica y milagrosa que yo no tengo y que él, como experto financiero, tampoco conoce.
Oye, mira, estudié de más… tengo mucha formación, mucho conocimiento y un CI bastante alto, pero no he estudiado y aprendido para resolver el problema de gestión que los profesionales con sueldo, cotización, vacaciones y paga extra no saben hacer mientras me sigo muriendo del asco en una situación alucinante que a nadie le importa.
Ya sé que pronto tendré furgo de nuevo (gracias, por cierto, a mi madre por el préstamo y al taller por hacerme el favor y aguantarme el coñazo que les estoy dando), pronto llegarán los suministros (gracias a la trabajadora social, por primera vez reconozco que se ha puesto las pilas y ha estado muy rápida en resolver el asunto) y acabaré de estudiar (gracias, abuela, por darme un año más de cancha, no sé cómo pero algún día te lo devolveré) y en algún momento podré moverme para resolver mi situación actual.
Pero, ¿qué pasa con las secuelas que toda esta mierda me está dejando? ¿Qué pasa con la pérdida de la confianza? ¿Qué pasa con la sensación de inseguridad que me produce saber que a pesar de haberse equivocado a la Guardia Civil le suda las pelotas que vuelvan a hacerme lo mismo? ¿Qué pasa con el miedo a que la historia se repita sólo porque nadie puso medidas legales efectivas? ¿Qué pasa con el miedo a que el hecho de ignorar lo que ha sucedido de pie a que no haya un plan de prevención? ¿Quién me garantiza que no se volverá a repetir? ¿Tengo que asumirlo y afrontarlo como si no hubiera pasado nada? ¿Y luego qué? ¿esperamos, sin más, que el autor del crimen no lo repita? ¿Esperamos que al próximo pirado no se le ocurra ir más lejos? ¿Y si pasa, qué?
Obviamente no sabemos si se repetirá o no, pero ¿y si sí? A mí no me sorprendió. Sé que atacarme físicamente es mucho más difícil, en primer lugar porque tengo la casa protegida con sistemas de seguridad y en segundo lugar porque tengo tanta mala ostia dentro del cuerpo que el primero que ose tocarme va a cobrar por él y por todas las que tengo acumuladas y que estoy deseando liberar. Doy miedo. Todo el mundo sabe que estoy cabreada, que tengo motivos para estarlo y que estoy deseando que me den la más mínima oportunidad para desahogar toda mi rabia en legítima defensa contra quien tenga las pelotas de ponerme un puto dedo encima. Ya dije una vez que me preocupaba que hicieran algo a mis coches, que eran la única propiedad que tenía fuera sin vigilar, la única herramienta que me permite ganarme la vida y moverme para poder buscarme las habichuelas a donde las haya. Y no le importó a nadie.
¿Qué pasará cuando vuelva a ocurrir? No tendré más dinero ni más recursos para volver a comprar otro vehículo que se ajuste a mis necesidades. Tengo una familia a la que poder llevar conmigo, un trabajo que requiere que pueda transportar maquinaria, y una necesidad terrible de poder ir a donde haya trabajo para mí. Todo el mundo me pide que entienda las limitaciones de su capacidad para resolver cosas, pero no se dan cuenta de que lo que necesito no es que hagan milagros, sino que se pongan mis putos zapatos, dejen de justificarse y me escuchen y comprendan un poco. ¿Tanto trabajo cuesta decir «joder, tía, es que es muy duro, lo siento, es normal que te sientas así»? ¿Es que sólo sabéis hablar de vosotros mismos y pretendéis que se me pase la movida teniendo en cuenta lo que podéis o no podéis hacer? Me importa una mierda, que no podáis hacer más, pero escuchar es gratis y ser comprensivos y dejar que me desahogue es mucho más útil que pasar de mí sólo porque «yo esto» o «yo lo otro», ¡es ridículamente frustrante!
Soy consciente de que soy un tanque, inteligente y trabajadora para salir adelante en cualquier circunstancia y en cualquier lugar. Pero no puedo hacer milagros cuando hay personas que se divierten destruyendo todas mis posibilidades y dejándome abandonada en tierra de nadie.
Mira todo lo que he logrado sin salir de casa, sólo con un puto blog que no le interesaba a nadie y un poco de esfuerzo. Si por la sociedad hubiera sido, seguirían tratándome de culpable de delitos que no he cometido y seguiría sufriendo el acoso y el abuso de autoridades que creían que podían asustarme pasándose mis derechos por el forro como si fuera una vulgar niñata asustada y sin cultura que no sabe leer el puto BOE. Siento mucho que la historia no fuera la que todos querían, pero tarde o temprano tenían que verse obligados a rectificar.
Brillante susto se debió de llevar el Sargento cuando llamaron desde Béjar preocupados por mi seguridad al no contestar al teléfono. Sí, tíos, así es la vida. Se inflaron y vanagloriaron difamándome por todas partes convenciendo a mis amigos de que soy una puta narcotraficante peligrosa y se les olvidó contemplar la posibilidad de perder a una víctima de violencia de género a la que supuestamente están vigilando por duplicado: por delincuente y por víctima, vaya. Debieron de ponérsele los huevos de corbata pensando en la posibilidad de haberse equivocado del todo y de tener que explicar por qué mi cadáver ha aparecido en una cuneta. Por primera vez se han planteado la posibilidad de estar equivocados. Y no veas lo que ha costado.
Respecto al dinero… un amigo solía decir que lo que se arregla con dinero se arregla fácil. Así que, sinceramente, en lo que llegan y no llegan las ayudas me la pelan los impagos que se vayan acumulando. Tarde o temprano acabaré ganando dinero para hacer frente a toda la colección de gastos que estoy acumulando dadas mis circunstancias.
Sin embargo, en lo que se refiere al espíritu humano… BUAG, dais asco. «Lo que necesites«, y una mierda. Nunca pido nada a nadie, nunca dependo de nadie, nunca pido nada que no puedan darme o que cueste un sacrificio horrible. Pero, sinceramente, os podéis meter el «lo que necesites» por donde os quepa. Necesitaba apoyo, cariño, un abrazo, comprensión, desahogar la rabia, la frustración, un hombro sobre el que llorar, distraerme… cosas que se supone que son gratis y que no deberían de costar. No he pedido nada más que eso. No sois capaces. Lo único que he obtenido de la gente es indiferencia, negar mi derecho a estar indignada, verme obligada y presionada para que ignore la situación en que me encuentro, un afán obsesivo por restarle importancia a cómo me siento y a la gravedad del asunto y una falta tremenda de responsabilidad emocional por aquellos que dicen ser mis amigos.
Y con todo y con eso, a pesar de que todo el mundo me dice que no debo sentirme como me siento, nadie tiene ni puta idea de cómo se supone que debería sentirme para no ofender a las personas que no quieren escuchar ni ver ni ser conscientes de la miseria que ocurre en su propia casa.
Es muy fácil decirme que no me ponga histérica desde la comodidad de un sueldo, un techo, una nevera con comida, un trabajo, relaciones sociales para evadirse… Es muy fácil que un Guardia Civil, una Trabajadora Social o una Abogada de Oficio te digan que no cobran tanto sueldo y que tampoco llegan a fin de mes. ¿En serio? Estáis cotizando y cobrando. ¿Os sentís pobres porque no os alcanzan los ahorros para iros de vacaciones a un hotel en la costa? ¿Os frusta estar pagando la letra del coche? Qué puta pena me dais, yo no sé ni si podré comprar lejía para fregar mi salón la semana que viene o si podré juntar el dinero que me falta para comprar un coche a riesgo de que me lo vuelvan a quemar. Por el amor de Dios, ni siquiera aspiro a tener una pensión de jubilación porque en los más de 10 años que llevo trabajando apenas he cotizado 6 a media jornada… el grueso de mi economía en la sierra siempre ha sido en B y ahora no tengo tan claro que pueda pagar las tres facturas de luz que debo. Ni siquiera puedo encender un maldito radiador para entrar en calor.
¿Cómo esperan que sienta lástima por personas que no saben valorar lo que tienen? Y sí… ya sé que hay personas en guerra, personas desfavorecidas, inmigrantes y demás… pero a esos todo el mundo los ayuda, todas las ONGs les ayudan, salen en los medios de comunicación y todos hablan de lo que les ocurre. Nadie habla de lo que está pasando aquí, de algo que ha ocurrido en nuestro pueblo, a una vecina, a alguien de casa de toda la vida. ¿Os sentís mejor echando un donativo el domingo en misa y dando la espalda a una situación real? Si no sois capaces de ayudar a las personas que tenéis al lado, ¿cómo podéis ser tan hipócritas de andar defendiendo el hambre en el mundo?
Estoy cansada de la farsa, de quedar bien, de que me hagan el vacío, de no existir, de las situaciones forzadas, de que nadie quiera aclarar las cosas, de que las relaciones interpersonales se basen única y exclusivamente en la percepción de los demás. Estoy cansada de ser comprensiva y tolerante y de no tener derecho a que me den lo mismo, estoy harta de priorizar los sentimientos de los demás. Sois tan egoístas, frívolos y crueles que no merecéis ni mis respetos ni mi consideración.
Y sí… estoy indignada, cabreada, asustada, triste, decepcionada, preocupada y muchas cosas más que no sé bien cómo gestionar. Lo que pasa es que no os gusta que esto pase en un lugar en el que podéis ayudar de verdad, porque lo que os mola es el postureo de hacer como que habéis hecho algo por alguien y os resulta terriblemente desagradable que os hagan ver lo hipócritas, falsos y estúpidos que sois. No, no voy a fingir que no importa. IMPORTA y mucho. Porque la gestión que estáis haciendo de toda esta mierda sólo me está enseñando la clase de personas falsas, hipócritas, egoístas y avariciosas que sois.
Tengo derecho a sentirme utilizada y tengo derecho a estar deprimida e histérica. Tengo derecho a pensar y decir lo que me venga en gana. Y no, no me da palo ni me apura ni me preocupa que os sintáis ofendidos, porque todo esto es culpa vuestra como sociedad. Espero que en algún momento se os caiga la cara de vergüenza, de verdad. Porque es lo único que quiero y deseo: poder volver a ser libre de buscarme la vida y hacer lo que me de la gana y que se os caiga la cara de vergüenza por consentir que estas cosas os pasen a la puerta de casa y tener los cojones de daros igual. Ojalá que nunca tengáis que vivirlo, que no lo sufran vuestras hijas, que no tengáis que pasar el terror que he pasado yo o que ha pasado mi madre ni la humillación pública, ni el acoso ni la falta de respeto ni consideración.
No merecéis de la vida nada más que lo que va a pasar: que se vaya todo a la mierda y que tengáis que vivir con la losa de saber que pudisteis impedirlo y que preferisteis la corrupción, el desfalco, las estafas, el robo, la precariedad, la violencia, el alcohol, las drogas, la fiesta, el aparentar… antes que convertir esta microsociedad en un lugar próspero, pacífico y feliz. Os merecéis la ruina que os estáis buscando pretendiendo aparentar algo que no es real.
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Escribir es una parte distintiva de mi ser. Siempre acudo a la escritura para salir de la realidad y también para entrar y profundizar en ella. Escribiendo analizo y entiendo mejor la vida y sus persona-jes. Escribiendo me suelto, y recuerdo y fijo las memorias. Por primera vez me decido a mostrar lo que escribo: ideas, historias que tejo, que la gente me deja en su tránsito, o me hace imaginar con su actos o palabras, cosas que recuerdo a medias o apenas intuyo, invenciones, literatura procesada, escenas vividas y soñadas, recuentos de dolor y exilio, de abandono y pérdida, de mucho amor mezclado con todo lo anterior. Ojalá me encuentren, se encuentren un poco, disfruten y estos textos los hagan pensar y sensibilizarse. Gracias por leer-me.
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