Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
Todo el mundo conoce la obra de Shakespeare… a ver, bueno, que se me olvida que me leen en la España profunda. ‘Romeo y Julieta‘ sí que nos suena como idea, ¿no?
Todos tenemos en la memoria el concepto de ‘amor romántico’ o ‘amor imposible’ asociado a dos jóvenes amantes de una historia antigua que se quisieron por encima de todas las cosas como algo bonito y maravilloso.
Partiendo de esa base, la obra de teatro la escribió un señor llamado William Shakespeare famoso por las tragedias románticas y como lo de leer no es la norma por aquí, si que os recomendaría ver la película del mismo nombre protagonizada por Leonardo DiCaprio, que se acerca mucho a la obra de teatro. Básicamente, para que os déis cuenta de que, en realidad, no es una historia de amor, sino una historia de ignorantes que acaban todos muertos porque se dedican a mentirse y manipularse unos a otros en lugar de aceptarse y respetarse.
A lo que iba.
Si lo buscamos por ahí, encontramos en términos psicológicos un efecto homónimo (significa que se llama igual que la obra, por si me leéis gente de mi pueblo) que se define así:
El efecto Romeo y Julieta describe cómo la interferencia externa, como la desaprobación familiar o las restricciones sociales, puede llevar a que una pareja se sienta más atraída y comprometida entre sí. La teoría sugiere que […] la dopamina, un neurotransmisor asociado con el placer y la recompensa, puede aumentar en situaciones adversas, potenciando aún más la atracción y el apego. […] (Las) investigaciones sugieren que el efecto Romeo y Julieta puede ser más pronunciado en adolescentes y adultos jóvenes.
Ahí hay tres conceptos que me ponen los pelos de punta: «influencia externa», «dopamina» y «adultos jóvenes». Coff coff… ejem!
¡Visto! Hay un Romeo y una Julieta, por aquí, y tal y como ocurre en la película, se dedican a mentir, engañar, manipular… y de forma poco discreta (ya los he pillado 6 veces viéndose a escondidas, a saber qué estarán haciendo).
Hablemos de lo que yo llamo: DEFECTO ROMEO Y JULIETA.
Aquí intervienen tres factores importantes:
— La idea errónea del amor, que está fundamentada en una autoestima bajísima por falta de referentes externos de refuerzo autocomparativos. Es decir, a poco que Julieta (en este caso coincide así, siempre puede darse alrevés) le pone ojitos a un Romeo con la autoestima por los suelos, éste va detrás de ella como un perrito faldero.
— La dopamina: asociada al placer y a la recompensa rápida. La dopamina es, de toda la vida, una de las principales drogas con las que nos manipulan los medios de comunicación, las corporativas, etc, para volvernos híper consumistas. Es una de las drogas que hacen que nos volvamos adictos a otro tipo de drogas de venta ilegal; nos mantiene esclavos de un sistema de respuesta rápida no meditada que nos engancha a seguir las órdenes de quien representa ese chute exprés de dopamina en nuestro torrente sanguíneo. No se usa para ligar, se usa para MANIPULAR a gente vulnerable.
— Adultos jóvenes: sólo que en este caso concreto hablamos de gente en torno a los 40 años de edad. Si eso es ser jóven, que me den cita para agendar el momento en que nos toca madurar a los que pedimos turno en mi generación. Está claro que en este caso no se trata de gente joven, sino más bien de personas vulnerables con problemas de aceptación y para madurar, gente que tiende a la depresión o a estados de ánimo bajos a causa de la percepción errónea de que nadie nos quiere. Y es que, gentecilla bien, a veces buscamos la aprobación en el lugar equivocado.
Total, que Julieta manipula a Romeo que, a su vez, cree que puede reconquistar a su Julieta porque cree que el estado de bienestar en el que se desarrolló la ilusión de la relación pasada (y socavada a base de las mentiras de una Julieta adicta las flores del campo en primavera y a la sensación de poder) puede hacerse real. A mayores, ambos son manipulados por un tercer elemento que duerme en la cama de Julieta, come de su plato y aparece siempre sentado a la puerta de su casa como un guardián que le come el espacio. Con este tercer sujeto ella se relaciona sólo porque cree que puede controlarlo y le sirve para putear a sus padres (ahí, ahí, que se note que tenemos el autoconcepto muy trabajado y muy reforzado // sarcasmo, por cierto, que todo hay que explicarlo).
El monstruo, como una sombra, los acecha, la espía y la miente y manipula, la utiliza y la lleva a creer que tiene el control de una situación que se le escapa. Así que Julieta juega a dos bazas, conviviendo con uno y escondiéndose para estar con el otro (muy malamente, por cierto, que el monstruo no os pilla porque no mira, cuando le apetezca mirar os la va a liar, sólo está esperando el momento adecuado). Y mientras tanto, se convierte en una zorra de manual porque no quiere que la gente la llame puta (mucho sentido tiene todo, sí).
Tengo mensajes, grabaciones y he escuchado la jugada de las amenazas al contestador de teléfono del tal Romeo. En su día os advertí y os dije lo que teníais que hacer, pero quienes defienden al monstruo son el monstruo y cuando el efecto Romeo y Julieta se convierte en un DEFECTO, igual es que ahí hay mucho más que una historia de amor prohibido que, por cierto, no le importa a nadie. Ahí lo que hay es una trama tóxica de la que no quiero saber nada más.