Anonima Geek

Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.

Hola, septiembre!

Dije que volvería este mes, pero no dije qué día. ¿Me habéis echado de menos? Me consta que hay quien sí, por alguna extraña razón personas que me dieron la espalda han pensado que tal vez pasado el tiempo y tranquilas las aguas podrían volver a llamar. ¿En qué mundo viven?

Hace ya mucho que predije que quienes dan la espalda a una amiga por miedo o por interés, tarde o temprano regresan y donde antes estaba aquella persona que siempre respondía no encontrarían nada más que la sombra de su propia culpa. Se recoge lo que se siembra y, hasta donde sé, hay quienes están sembrando su propia caída… y va a ser dura.

En agosto tuve un pequeño crash personal. Y es que me había estado presionando tanto a mí misma que no me daba cuenta de todo lo que estaba recuperando. Así que mis neuronas se desconectaron cinco minutos obligándome a resetear para darme cuenta de que, por fin, todo mi duro trabajo, mi esfuerzo y mi insistencia, habían dado resultado. No sólo llegaba al nivel en el que me encontraba en el momento en que me quemaron la vida, sino que lo he superado. Me merecía las vacaciones.

No gano tanto, ¿verdad? Nah, me pulí toda la pasta que había estado ahorrando moneda a moneda para pagar el carnet de conducir a un desagradecido mentiroso que cambió la amistad y el futuro por drogas y traición. Y me sobró dinero. Salud, hermano… Tú decides esnifar el dinero del estado y yo me piro a disfrutar del sol. Uno de los dos iba a irse de vacaciones este agosto, ¿no era lo que querías?

A la vuelta me esperaban sorpresas interesantes. Uno de los motivos por los que no he tenido vida para escribir es porque mi contrato temporal de tres días se ha convertido en un contrato extensible sin final premeditado. Me hicieron una oferta interesante y debatimos mucho la forma de hacerla legal y compatible con el IMV. La encontramos.

Así que tengo la pasta, el trabajo, la cotización, mi libertad entera y verdadera, mi orgullito divino, mi ego más alto que nunca y mi soberbia algo a la par. Pero qué coño, yo sí me lo puedo permitir. ¿Qué ha pasado con todas las amenazas que me hicieron hace dos años? ¿Eran un farol? Ni el ayuntamiento, ni la guardia civil, ni los catetos aldeanos han sido capaces de nada de lo que prometieron que iban a hacerme si no agarraba las maletas y me iba del pueblo.

Hay que investigar antes de difamar a la gente y hay que saberse las leyes antes de amenazar en plan “porque lo digo yo y punto”. Bienvenidos al nuevo mundo, amigos y amigas de la sierra.

Como decía una de mis pelis favoritas: se te ha medido, se te ha evaluado y, definitivamente, no has dado la talla.

Por cierto, ¿qué les pasa a los chicos del bar sin bar? Desde que les cerraron el chiringuito por el hecho de que el catarro colombiano no justifica el incumplimiento de contrato están muy inquietos. El otro día parecían perrillos abandonados alrededor de mi mesa en el bar mendigando las migas de mi desayuno. ¿Ya no tienen quién les alimente? Qué decepción. Papi, ata a tus cachorros que yo a los míos no los dejo hocicar en el plato de nadie.

Ah, lo olvidaba, por si me leen esas bestias aborregadas: fuisteis vosotros quienes me disteis la espalda y me cerrasteis la puerta, ahora no vengáis arrastras a buscarme. Para ser un auténtico cabronazo hay que tener orgullo y saber buscarte la vida, no puedes suplicar a la misma persona a la que expulsas con tanta soberbia. ¿A caso me habéis visto hacer algo parecido? Ni muerta del hambre, antes reina que pringada. Pero para serlo, hay que tener madera y no estamos hechos de la misma pasta.

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