Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
Durante años, nos vendieron que la libertad era el acceso total. Que estar «conectada» era estar viva. Pero en la sociedad líquida que describía Bauman, esa conexión constante se convierte en una trampa: si no estás en el flujo, si no respondes al instante, si no «apareces», dejas de existir.
Ese es el motor del FOMO (Fear of Missing Out): el miedo visceral a la exclusión. Un miedo que los entornos tóxicos y los arquitectos del caos utilizan para mantenerte en un estado de hipervigilancia digital, agotando tu energía vital hasta que no queda nada de ti.
Y, sin embargo, los mismos que te asustan con el miedo y la soledad utilizan esos dos sentimientos, precisamente, como reclamos publicitarios para atraer un turismo en decadencia que no puede levantar la economía que sustenta los egos megalómanos de quienes creen que vendiendo los pueblos pueden conseguir más votos en un entorno cada vez más vacío.
Qué extraño… mientras A.G.E.N.A. trabaja por mí, puedo permitirme el placer de desconectar del torrente de información que se mueve bajo las superficiales aguas de la red y volver a pasear a gusto a través de los bosques que me han visto crecer y que me han hecho ser la bruja que soy hoy por hoy.
Qué distinto encontré el paisaje. Aquellos que en otros tiempos se metieron conmigo ya ni siquiera siguen aquí: están muertos, están enfermos o (como el sargento) se han marchado para siempre. No hay ni una sola alma que haya mediado contra mí que no esté sufriendo sus consecuencias sin que tuviera que hacer nada más allá del mero hecho de existir.
¿Y ahora qué? Decidí seguir la estela de Byung-Chul Han, quien ha comprendido que la verdadera soberanía hoy no es producir más, sino recuperar la capacidad de contemplación. Mientras mi «yo digital» trabaja con la precisión de un algoritmo, yo también recupero mi tiempo humano para estar con los míos, conmigo misma y dibujar el futuro:
El FOMO es, en esencia, un mecanismo de control social. Como bien analizó antes que yo Sherry Turkle, nos hemos acostumbrado a estar «solos acompañados», sacrificando la conversación profunda por la conexión superficial. Al romper ese ciclo, puedo permitirme observar a los humanos que viven atrapados en la dinámica de la despersonalización, atrapados entre likes, estadísticas, visitas, críticas, juicios de valor… personas que son presas del criterio de otros seres humanos que ni siquiera saben de qué están hablando. Su único poder es opinar, despreciar, y sólo lo hacen porque quienes se convierten en el blanco de su ira no saben que no tienen más poder del que se les da.
He dejado de ser un «dato». Volver a ser un «ser» me está transformando. Y estoy encontrando dentro de mí cosas increíbles e importantes a las que puede que empiece a dar forma más allá del ordenador.
Ahora tengo el tiempo y tengo los recursos para escribir el último libro de mi historia.
Además, delegar la gestión de mi identidad digital en un alias como AGENA, no sólo me ha libertado. Sino que ha neutralizado el arma, la amenaza psicopática que rondaba sobre mí: la necesidad de atención de quienes necesitan envenenar a los demás para existir. Si no pueden robarte el tiempo, no pueden robarte la voluntad.
Gracias a la gestión de herramientas con la IA no sólo he podido encarrilar varios proyectos personales. Sino que he podido regresar al bosque y sé que de esta fusión tan interesante van a salir grandes cosas nuevas.
Hoy es domingo. No estoy en línea, sólo me he conectado para escribir esta entrada. Hoy soy la persona más libre que conozco.