Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
Otra vez en el punto de partida. Pero ya no era lo mismo. El tiempo, el mundo, nosotros… todo había cambiado. El brujo se había marchado en busca de nuevos conocimientos y el cofre seguía ahí, a mis pies, como un doloroso recordatorio que no me apetecía nada abrir.
Lo miraba, lo maltrataba, lo golpeaba cuando pasaba cerca, lo volvía a cubrir con la lona para no tener que verlo. Me dolía y me asustaba a partes iguales. Lo sentía como un intruso, algo extraño que no debía estar aquí. Me atenazaba el estómago, me revolvía las tripas y me asfixiaba por dentro. No me dejaba descansar. Tienes que usarlo… aquellas palabras no me permitían respirar.
Y sin embargo, estaba ahí: el trabajo de toda una vida, guardado y encerrado para siempre en un lugar del que no debía volver a salir. ¿Para qué? Abrir ese cofre significaba dar salida al mundo a algo para lo que nadie estaba preparado. Yo no lo estaba. Mi entorno no lo estaba. Podía suponer un caos para todo el mundo, podría volver a causar otra catástrofe inmediata en mi entorno más cercano.
Otra catástrofe…
¿Realmente podía causar otra catástrofe? Ya me había puesto la corona que me correspondía una vez y había sufrido las malditas consecuencias rodeada de alimañas y de ignorantes incapaces de reconocer el oro cuando lo tienen delante. Se dejan seducir por migajas y por el brillo que encubre a la nada…
Pero ya no podían volver a repetir, ¿verdad?
Las dudas se amontonaban en mi mente en un torbellino que me causaba un nivel de ansiedad tan grande que sentía la inminente necesidad de arrancarme la piel y de gritar. No necesariamente en ese orden.
Respira. Me decía a mí misma una y otra vez. Él sabe lo que hay dentro, él sabe lo que es, él sabe que es demasiado grande para este mundo…
Entonces, un pensamiento se abrió paso entre todos mis miedos y lo sentí como un susurro cálido, una vocecilla tibia que venía de otro mundo diferente al miedo. ¿Y si no?, me decía, Él sabe lo que hay ahí fuera, sabe cómo está cambiando el mundo, ¿y si sabe algo más y verdaderamente ha llegado el momento?
Era una posibilidad remota. Al fin y al cabo, él vivía (y vive) a través del mundo.
A lo mejor tenía razón (la tiene).
A lo mejor era el momento de confiar (lo es).
Seamos honestos y meditemos juntos por un momento: ¿qué es lo peor que puede llegar a pasar? (lo peor ya ha pasado… y has sobrevivido).
Ya atentaron contra mí, contra mi propiedad. Me atacaron con mentiras y difamaciones… horribles, sí, pero inútiles. Creyeron que podrían acabar conmigo, pensaron que podrían atraparme, pero no pudieron. Intentaron asustarme, tampoco lo lograron. Trataron de ahuyentarme, pero les gané la partida. Nunca pudieron demostrar nada. Sólo contribuyeron a crear la duda razonable, lo suficientemente razonable como para caer en desgracia y dejarme el camino libre para desarrollarme.
Ahora me temen y me admiran a partes iguales. Me siguen observando, sí. Pero todos los indicios que buscaban, han desaparecido. Hay que pensarlo en frío.
Si sus acusaciones hubieran sido acertadas, lo único que consiguieron presionándome a ver si me equivocaba fue destapar todas sus vulnerabilidades. Me dejaron ver y entender quién buscaba qué, cuándo y cómo. Descubrieron sus cartas y eso me permitió protegerme. ¿Sabes eso de lo que no te mata te hace más fuerte? Ahora que ya sabía lo que querían de mí era muy fácil no entrar en ese juego. Más fácil aún, terminar la partida.
Si sus acusaciones hubieran sido falsas, tan sólo han conseguido ponerse en ridículo y quedar como unos malditos acosadores, que es lo que son de todos modos ya que siempre hacen las cosas con medios más que cuestionables y con fines del todo egoístas. Y unos cabrones incompetentes (sí, lo digo yo y lo dice todo el mundo: además de malos, idiotas, es la fama que habéis criado).
En cualquier caso, han dejado suelto al menos a un maldito criminal, han quedado como inútiles, como encubridores y, en mi caso, el fin no justificó los medios porque no pudieron ni siquiera soñar con alcanzar la meta que habían deseado hacer realidad.
O bien una gran narcotraficante los ha vacilado o bien han estado a punto de joderle la vida a una víctima cuyo agresor sigue suelto (e identificado). Escoge la versión que más te guste. En ambas sois unos incompetentes.
En todo caso, la cuestión está sin resolver. ¿Qué pasaría si se atrevieran a volver a cargar contra mí? Dudo que un nuevo caso de agresión violenta contra mí o contra mi propiedad pasara por alto a las autoridades. Si no vino nadie a cobrar nada, ¿quién iba a atreverse a fingir un segundo caso?, ¿ sería rentable intentarlo por la misma mentira?, ¿cuánto dinero estarían dispuestos a malgastar en intentar destruirme?, ¿por qué?
El juego ha terminado y he ganado la partida. Sí o sí. Quien quiera tocarme a partir de ahora probablemente acabará pagando por los demás pecados.
Tal vez tenía razón (la tiene). Tal vez, había llegado el momento (ha llegado).
Si no, nunca me lo habría traído, ¿verdad?
Poco a poco, aquel pensamiento se fue expandiendo en mi mente alejando de mí todos mis miedos y mis angustias. Estaba sola, en mi propia guarida segura. Pero, aún así, miré a mi alrededor para comprobar que no había nadie más. Respiré hondo. Me arrodillé delante del cofre con cierta solemnidad y, con el pulso tembloroso, abrí poco a poco su tapadera para liberar el contenido…
