Vivo en una encrucijada constante y perpetua cuyo comienzo no recuerdo y cuyo final es desconocido. Mi manía de no tomar decisiones me lleva a la deriva en mi canoa romántica, danzando de un lado a otro y superando, milagrosamente, todos los arrecifes del mundo mundial.
Si la felicidad no se encuentra en lo que tenemos a nuestro alrededor, en nuestra gente y en nuestros propios recursos, sinceramente, no tengo ni idea de en qué otro sitio pudiera encontrarse.
Anoche pasé miedo. Pero pasé miedo como no lo he pasado en muchísimos años. Sé que J leerá esto tarde o temprano y sé que va a leerlo después de … Sigue leyendo →