Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
El 21 Yule. Es mi Navidad particular. Algunos posers lo llaman ‘solsticio de invierno’ y celebran queimadas… otros damos nuestros regalos de invierno por estas fechas y celebramos cenas a base de alimentos recogidos de la naturaleza.
La mayoría de la gente, por estas fechas, se obsesiona con el sorteo de Navidad. La gente espera que le toque una millonada. La gente cree que con más dinero, con unos cuantos millones, podrán ser más felices.
Con dinero tapas agujeros, supongo, y puedes comprarte un montón de cosas que no tienes. Puedes comprar una casa, un coche, una finca e invertir en un negocio propio para poder vivir el resto de tu vida. O viajar por todo el mundo o renovar el armario, comprar ropa cara…
¿Y qué? ¿Es a caso suficiente? La vida me está enseñando que cuando compras un coche tienes que pagar el seguro, el cambio de aceite, el cambio de neumáticos, la ITV… cuando compras una casa tienes que pagar la luz, el agua, la calefacción, el impuesto de hacienda, el seguro… cuando compras una finca tienes que pagar impuestos y mantenimiento y cuando te gastas todo el dinero en montar un negocio siempre vas a tener que mantenerlo para el negocio no se venga abajo.
Con más dinero o menos dinero la vida consiste en trabajar y currar… de una manera o de otra tienes que esforzarte y esforzarte para progresar poco a poco. Cuanto más dinero tienes, más gastos y más preocupaciones.
No hace mucho nos sacamos la licencia de aprovechamiento de setas. Ayer nos fuimos en la furgo: dos amigas, cinco perros, una nevera llena de tuppers de casa, la furgo y el monte… y la verdad es que me siento afortunada. Mucho más afortunada que cuando he tenido un trabajo ‘fijo’ o me ha ‘sobrado’ el dinero.
Apunte post publicación:
Esa noche cenamos carne de un jabalí que cazó un amigo y que tuvo una muerte digna y una vida larga y feliz, níscalos de monte y papas de huerto. Honramos a madre tierra alimentándonos de lo que ella nos da, sin explotaciones artificiales ni industrias humanas, y bebimos vino de la casa, hecho por las manos nobles de un vendimiador a la antigua usanza.
Si la felicidad no se encuentra en lo que tenemos a nuestro alrededor, en nuestra gente y en nuestros propios recursos, sinceramente, no tengo ni idea de en qué otro sitio pudiera encontrarse.