Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
Yo me crié en una ciudad andaluza. Allí, no teníamos familia, como el resto de los andaluces, que tienen decenas de parientes. De modo que mi familia eran mis amigos, a los que consideraba amigos y, en algunos casos, hermanos y hermanas. Siempre estábamos juntos.
Pasaron muchas cosas oscuras, crecí y me vi obligada a cambiar de ciudad. Me fui sola. Ellos quedaron todos juntos para enfrentarse a las consecuencias de las cosas que habían pasado, pero yo me quedé sola en un lugar que no era mi casa. Y durante mucho tiempo estuve fuera de Andalucía y sin saber nada de los que fueron mis amigos y amigas.
Años más tarde, la casualidad me llevó al barrio en el que me crié. Y volví a encontrarme con mi gente. Fue muy agradable volver a tener la sensación de familia y tener noticias. Me pusieron al día. Lo lamenté mucho por los que murieron en mi ausencia. Me alegré por los que mejoraron. Fue duro también.
Uno de los que fueron mis hermanos buscó cambiar de vida porque allí estaba jodido. Y un día le dije que viniera conmigo. Le ofrecí mi casa, mi dinero, mis recursos y la oportunidad de cambiar de vida. Aceptó y vino conmigo.
Le advertí que este clima y esta cultura no tienen nada que ver con el clima y la cultura andaluza y que sería duro adaptarse. No me creyó. No sólo consumió mi tiempo y mi dinero, sino que criticó todo lo que pudo hasta hartarse. No buscó trabajo y no hizo nada por mejorar.
Le ofrecí un trabajo con el que pudo cambiar toda su vida. Un trabajo para el que no necesitaba titulación y para el que podía estar preparado. Pero prefirió la vía de la droga y el alcohol, prefirió la vía del trabajo malpagado en dinero negro que le permite consumir alcohol y droga los fines de semana en cantidades suficientes como para perder el sentido.
Le dije que ésa no era la vida que quiero tener y que no debería ser nunca la vida que nadie quiere tener porque muchos de nuestros amigos en común de aquellos años en los que éramos una familia murieron a causa de esa vida.
Me insultó y marchó de casa de casa de muy malas maneras. No ha vuelto a hablarme.
Lo curioso es que dejó aquí muchas cosas. En algún momento desde que marchó, ha intentado contactar con Gómez, suponemos que para que él le envíe las cosas que dejó aquí. Eso dice mucho de él, ¿no? Porque nos conocemos desde que éramos unos niños, en cualquier momento puede pedírmelas y no se las voy a negar.
Sin embargo, prefiere que mi novio, que me conoce desde hace años, que es mi pareja desde hace al menos dos años, que vive conmigo, actúe a mis espaldas para hacerle un favor a un chaval al que conoce de un mes que ha estado aquí fundiendo nuestro dinero y nuestros recursos y que se ha comportado como un niñato desagradecido.
Seis meses, dice el protocolo. No visto de negro, porque no es tan hermano. Pero le doy seis meses para reclamar lo que le pertenece o irá todo directamente a la basura.