Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
Vivimos en una época compleja en la que todo está cambiando y sólo unos pocos tenemos alguna noción de cómo adaptarnos a la situación. Durante toda mi vida, han intentado programarme para pensar del mismo modo que los demás y, sin embargo, mi propensión para el caos me ha servido para aprender a no tener un plan pre establecido y a mejorar y entrenar mi capacidad para combinar elementos en busca de objetivos.
En la actualidad, la gente quiere lanzarse a la red, pero tiene miedo. Por un lado la consideran barata, pero por otro la consideran inmensa. Los que no entienden no saben qué pueden pedir y los que entienden tratan de exprimirte hasta la médula si pueden.
Un factor que considero clave en mi profesión es la formación. No me refiero a la titulitis y a todo lo que puede venir en el currículum de una experta, me refiero a la formación en forma de asesoramiento. A la gente le da miedo sentirse insegura y cuando una PyME quiere dar el salto y no sabe muy bien cómo les aterra pedir consejo.
Por eso es fundamental aprender a tratar con la gente y tener un cierto grado de empatía. Compréndeles, ellos no tienen por qué saber cómo funciona algo que tú llevas años tratando, estudiando y trabajando. Acuérdate de lo que sientes cuando vas al médico y te da los resultados de un análisis… tus clientes se sienten igual cuando tú les hablas de términos web, código de programación, estrategia, planificación de medios o social media…
¿Mi consejo?
Respira hondo. Analiza la situación. Pregunta primero sobre sus conocimientos. Primero tienes que saber por dónde empezar. No es bueno hablar de cosas que no se entienden y tampoco es bueno presionar a la gente para que pague por cosas que no entiende. Así que, tómatelo con calma y utiliza todo el tiempo que sea necesario para explicar todo lo que tu cliente no sabe que puede ser útil. Después, déjale pensar las cosas y tomar sus propias decisiones.
Recuerda, a nadie nos gusta que nos digan cómo tenemos que hacer las cosas, pero sí que nos encanta que nos den consejos al respecto y que nos den la información que no tenemos para poder decidir.
Aunque no lo parezca, los clientes valoran el compromiso y si no puedes ofrecer precios muy económicos o trabajos de muy buena calidad, lo mejor siempre es posicionarse en el trato al cliente. Palia la incertidumbre y ellos acudirán a ti siempre que tengan dudas.