Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
El tres. Dicen que es un número mágico y perfecto que a lo largo de la historia ha tenido cientos de atribuciones místicas. Tres eran los nombres del sol y tres los de la luna. Tres eran las gracias de Rubens, las edades de la mujer. Tres los pilares platónicos que sustentan el ser del hombre. Tres, principio, medio y final; introducción, nudo y desenlace. Tres: Chiquillo, Solitario y Sire; Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Dicen que tres son multitud. Pero yo creo que tres es el número perfecto de amantes: uno para siempre, dos para alternar, tres para sustituir. Es bueno tener una pareja estable y n amigo con quien desahogarse. Pero el amigo con el que te desahogas no puede convertirse nunca en pareja estable. Por eso el tres: el extra.
Cuando encuentras un hombre con el que estás a gusto, te lo quedas para ti para siempre. Cuando quieres romper la rutina, buscas un segundo para alternar. Pero hay que buscar tres, porque el tercero sólo va a durarte una noche, a menos que sea mejor el segundo, en cuyo caso el segundo hombre será descartado y el tercero ocupará su lugar.
Cuando no existen sentimientos en juego y las cosas están claras desde el principio, esta es una muy buena manera para garantizar una vida sexual sana, saludable y cada vez mejor. Lo habitual de esta técnica es que al final siempre haya un UNO que se quede para siempre, porque es el mejor y siempre será el mejor comparado con los demás.