Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
Si no crees en las invasiones zombie no has trabajado jamás en una cocina de bar de pueblo un domingo de fiesta… es como una guerra. Sabes que vendrán, pero no sabes cuándo, y sabes que hay que tener preparados a los camareros y las barricadas de pinchos, tapas y montaditos para evitar que la plaga penetre hasta el fondo de las cocinas a preguntar si se están haciendo más pinchos.
Si habláramos de una guerra o de una invasión, los cocineros seríamos como los artilleros y los camareros la primera línea de defensa. La gente que se sienta en mesas siempre tiene (más o menos) algo de paciencia, pero los que entran hasta el fondo en busca de algo que comer porque llevan todo el fin de semana de fiesta, tienen resaca y no quieren cocinar… esos son como la plaga de langostas, si no estás preparada te comen hasta los dedos según sacas la bandeja de pinchos.
Y mientras, en la sauna (como llamamos a nuestra cocina por razones evidentes) te pasas tantas horas haciendo chopitos, montaditos, bocadillos, platos combinados… que acabas pensando que ya has comido sólo de ver salir platos y bandejas.
Santo Chopito!!! Ruega por nosotras cocineras!!!
Qué devoción, qué pasión, qué tradición!!! Qué cosa! Que HORROR. Si en mi pueblo se presentara la candidatura del partido político de Vota a Cthulhu ganaría con el máximo posible sólo porque mis paisanos reconocerían las patas del chopito en el logotipo… Hay fines de semana que pierdo mi nombre y me llamo Chopito Pan Pincho de Geta.
Qué tremendo. 13 horas cocinando sin parar, sacando comida sin parar, kilos y kilos de comida. Y cuando por fin termino de fregar y salgo de la cocina a tomar un vino antes de irme YA NO QUEDA NADA. Se lo han comido todo.
Igual igual que una plaga de langostas en un maizal. Luego dicen que si la crisis, que si el dinero… pero los fines de semana ahí estamos todos y cada uno: al bar, a las copas del sábado noche y a los pinchos del domingo.
Blanda.
Ja!