Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
Otro cargador de ordenador a tomar por culo… No sé qué hacer con estos trastos…
El sábado pasado fuí al concierto de Mark Knopfler. No fue más difícil de lo que pensé encontrar a un compañero ideal. Lo bueno de no dedicarme a contarle a todo el mundo que tenía la entrada es que no se me han arrimado los buitres esperando la carroña para poder salir de fiesta lejos del pueblo. Lo malo es que ha habido personas que se han puesto celosas cuando se han enterado de que me iba…
El brujo del Páramo no pudo o no quiso venir. Así que fui con el hombre que duerme en mi cama. Nos lo pasamos demasiado bien para ir sólo a ver dos conciertos (tocaba Fito antes que Mark) y nos divertimos mucho y nos gastamos un pastizal. Estuvimos saltando de un lado a otro todo el tiempo y en algún momento le enseñé el arte del ‘inocente flirteo para colarse en las colas de las bebidas’. No sabía que todavía tenía encanto ante hombres desconocidos y atractivos.
Memorable.
Y cuando por fin empezaba mi concierto, ese concierto que siempre había pensado que no tendría la oportunidad de ver (como tantos otros, que es lo que tiene no tener dinero y que te gusten grupos de música que están muertos en su mayoría), me iluminé.
No sé qué pasó. Entre ‘Sultans of swing‘ y demás… La gente, la temperatura de la noche. Y lo único que podía pensar era: «ya está, lo hice, lo conseguí». Tantos años de lucha, de heridas, de dolor, de laceraciones, traumas, rotos, fracturas emocionales, amigos equivocados, fracasos, proyectos que se van a la mierda, personas desagradables, alquileres infernales… Y ya está. Por fin se ha terminado toda esa racha de desastres naturales que habían estado asolando mi mundo, se acabó la sensación de que hay que pelear cada día. Se acabó la guerra.
Para cuando sonó ‘So Faraway‘ entre los bises ya había llegado a la conclusión de que por fin tengo en mi vida lo que siempre había deseado: el descanso después de innumerables batallas. Y sienta bien. Ahora todo lo que tengo que hacer es disfrutar de mi reino conquistado y convertirlo en un lugar próspero, fértil y memorable.