Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
Cuando empecé a vivir sola echaba mucho de menos al duende mágico. Una amiga lo llamaba ‘El Duende de la Lavadora’ y según la tradición folclórica de las tareas del hogar es un duende que se dedica a hacer cosas como rellenar la nevera, poner la ropa limpia en los cajones, hacer la cama, domesticar las pelusas para que los suelos estén siempre limpios… y todas esas cosas que te das cuenta de que tienes que hacértelas tú cuando te vas de casa y descubres la existencia del duende.
Con el paso de los años, es evidente que todos acabamos aprendiendo a gestionarnos y organizarnos. Y, al final, cuando alcanzas el equilibrio en tu hogar te das cuenta de que eres tú quien se ha convertido en El Duende de la Lavadora y entonces comprendes su existencia, la leyenda y lo mucho que lo echarán de menos las personas de tu entorno cuando te marches.
Ahora estoy en esa maravillosa fase de la madurez humana en la que yo no me hago las cosas. Alguien hay que me hace las cosas. Sí, sí… tal cual. Llevo más de 10 años viviendo sola y hasta donde yo he visto en mi casa no hay ningún otro ser humano conviviendo conmigo. Mi pareja no cuenta, él solo viene a cenar y a dormir. Así que aquí, hasta donde yo sé, no hay nadie más que me limpie, que me are el huerto, que me eduque a los perros, que me haga la compra, que me peine por las mañanas…
Y todo el mundo me dice lo mismo: ¿quién te ha hecho (aquí podéis poner lo que queráis)?. ¿Cómo que quién me ha hecho nada si sabéis que vivo sola? Desconcierto absoluto.
No sé si es que hago las cosas lo suficientemente bien como para que la gente piense que me ayudan, o es que me infravaloran tanto que no pueden ni siquiera imaginar que soy capaz de vivir a mi aire. No me lo explico.
A la última señora que me preguntó le contesté directamente: ‘El Duende de la Lavadora’.
Y es que, hay veces que es preferible que la gente piense que tienes a una familia de inmigrantes ilegales viviendo en la bodega de tu casa, explotados y encargados de hacerte todos los trabajos a que se piensen que realmente trabajas tanto y te organizas bien, no vaya a ser que por saber todo el mundo que sabes hacer cosas te acaben mandando cosas de más y se te acaben los ratitos de terracita de bar al sol, que están muy codiciados.
