Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
Desde que me saqué el curso de adiestramiento canino están cambiando muchas cosas en mi forma de interpretar el mundo. Estoy desarrollando nuevas perspectivas. Especialmente, con los seres humanos.
Todos los libros y las historias apuntan a que los perros, como seres gregarios, nacidos y criados en grupo necesitan de los humanos con los que conviven normas, rutinas y conductas claras. Todos necesitamos ser aceptados en nuestro entorno y los perros, en teoría, lo tienen más difícil porque nuestras normas se han vuelto confusas para ellos.
También dicen los libros y las teorías que los perros, en realidad, han evolucionado al mismo ritmo que las sociedades humanas y si bien nosotros hemos adquirido más longevidad y más fases en nuestra madurez, ellos también. Del mismo modo, ahora los perros también adquieren y desarrollan problemas psicológicos (fobias, ansiedades, miedos…), al igual que sus compañeros de vida los humanos.
Antes se educaba a los animales con órdenes, agresividad, violencia y desde la posición del miedo. Y leyendo y observando la evolución humana, no es tan de extrañar. Antes también se educaba a los niños con violencia y miedo, se usaban correctivos, gritos, castigos severos y se abofeteaba a un niño sólo para que aprendiera a respetar a su padre.
Los hijos de esos padres han tendido a la rebelión hacia el método educativo, pero han cometido errores. Ahora los humanos adultos y responsables dejan a los niños, al igual que a sus perros, libres de disciplinas y castigos, libres de educación estricta, pretendiendo que las personas sin desarrollar, al igual que los animalitos, aprendan ellos mismos a responsabilizarse de sus propios actos.
Y yo me pregunto: ¿cómo un niño que no conoce la diferencia entre el bien y el mal puede aprender a distinguir cuándo está haciendo lo que debe y cuándo no? ¿cómo aprende nadie a desarrollar una ambición cuando no saben que las cosas no se hacen solas?
A las personas les pasa lo mismo que a los perros: necesitan aprender desde pequeños conductas que los lleven a convertirse en seres sociables y de provecho. Si los dejamos solos, aprenderán a ladrar/vocear cuando estén asustados o enfadados, no sabrán gestionar sus miedos ni su ira, no llegarán nunca a la conclusión de que necesitan actuar de maneras determinadas para obtener recursos y beneficios.
Nos hemos hecho personas grandes, sí, caprichosas, pero no ambiciosas, consumistas, pero no independientes, agresivas, pero no asertivas… hemos crecido, pero nos han infantilizado y ahora las personas que pasan los 30 siguen siendo adolescentes, comportándose como adolescentes, viviendo como adolescentes y retrasando aun más su madurez.
Con los perros lo tenemos claro. ¿Y con las personas?