Anonima Geek

Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.

Al límite de mi paciencia

Flipo con la gente. Flipo con el multiverso, en serio. Alucino. ¿Qué está pasando? En el colmo de los colmos del ombliguismo humanístico me encuentro con que rizando el rizo de lo ridículo y de lo absurdo la hecatombe es imparable. Es imposible. Estamos abocados al fracaso más absoluto.

Ya ves. Y es que cuando la gente quiere que todo esté mal, cuando la gente quiere estar mal, cuando quieren ser los malos… digas lo que digas y hagas lo que hagas, al final LO SON. Se convierten. Oye, y que no hay forma de hacer cambiar de opinión a un victimista. Rueda la matraca y erre que erre dándole la vuelta la mula al torno y vuelta al trigo y dale que dale. Y que no se cansan.

¿Por qué será la gente feliz siendo infeliz? ¿Qué clase de contradicción es esta? ¿Por qué lo pagan con los demás? ¿Por qué con otros seres vivos inocentes? ¿Por qué se empeñan en hacer las cosas mal a propósito? ¿A quién pretenden engañar? ¿A mí? ¿A ellos? ¿A sí mismos? ¿Por qué me hablan mal? ¿Por qué esos tonos? ¿Por qué tan bordes?

Pues mira, no. No, no, no y mil veces no. No hace falta que me soltéis esas dichosas perlitas vuestras de amos del puto calabozo. Que no. Que me dejéis en paz. ¿Estáis enfadados conmigo? ¿Por qué? ¿Porque ya no os estoy lamiendo el culo? ¿Porque ya no estoy ahí pendiente de cada uno de vuestros pasos? ¿Porque ya no soy esa sombra que estaba ahí para arreglar vuestros problemas? ¿Porque ya no os doy bola? Pues se siente… ahora tendréis que culparos a vosotros mismos, porque ya no está la cabeza de turco de turno. No estando, no hay mal del que acusarme. Y si no os gusta el sabor, dejad de soltar tanta mierda.

A mi edad, tener que aguantar estas gilipolleces de personas adultas, curtidas y maduradas… ¿y la loca soy yo? No, tíos… tengo un trastorno curioso de personalidad límite, pero no estoy loca ni soy estúpida. Yo ya no hago esas cosas ni hablo así a la gente. Mi drama, es mío. El vuestro os lo tragáis y, si os place, implosionáis, pero para adentro y procurando no salpicar.

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