Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
Hace tiempo que tengo una especie de nudo en el estómago. Me siento como un tigre enjaulado. Es… una cuestión de tiempo y de ansiedad por volver a ser libre y por poder volver a hacer lo que me da la gana.
No es una cuestión de principios, a ver, siempre he hecho lo que me ha dado la gana y lo que he querido, siempre he tomado mis propias decisiones y nunca me he arrepentido de nada. Es sólo que estoy en ese momento difícil en el que el tiempo se para, todo va mucho más despacio y, a diferencia de los videojuegos, no puedo dejar las cosas corriendo a toda velocidad mientras me distraigo porque la vida real es así, hay que tener paciencia.
Y sí, podría mandarlo todo al carajo, pero no quiero. Tengo ganas de que las cosas vayan bien, de terminarlas, de verlas funcionando.
Pero me ahogo sin aire y sin espacio.
Cuento los días de acabar las prácticas. Me encanta el trabajo que hago allí, aunque realmente creo que no vale gran cosa y que podría hacer más. Aunque, por otro lado, pienso que si hubiera ido a hacer las prácticas en primavera, habría sido más divertido. Pero eso es lo de menos. Tengo ganas de terminar, porque realmente ya no me siento útil en la escuela y tengo ganas de tener tiempo para aplicar todo lo que he aprendido a mi manada, que no para de crecer y aumentar.
Tengo ganas de tener tiempo para poder hacer todas mis tareas pendientes una tras otra. Ahora es como que sólo tengo un día y medio a la semana para hacer… ¿qué? Nada. Entre la casa y los animales no me queda mucho más espacio para nada.
Así que sólo me queda esperar y esperar y esperar. Y superar la puñetera angustia.