Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
Mientras las aguas turbulentas de mi existencia incívica arrastran el limo del fondo de mis lagunas emocionales y limpian mi alma dejando en su desembocadura fértiles valles de ideas y proyectos, mi mente sobrevuela los pequeños núcleos poblacionales que habitan en los bosques lindando con mis fronteras y deambula entre pensamientos y observaciones que se anotan en barquitos de papel que se deshacen en la corriente.
Qué pequeño es el mundo de algunas personas. Qué pequeña su percepción de la vida.
Y tal y como era previsible, aunque deteste tener que decirlo, lo que había de pasar sucedió. Finalmente, todas esas personas que se criticaban las unas a las otras, taimadas, ruines, oscuras, ladinas, siniestras y ladronas… han vuelto a la cloaca de la que salieron y se han vuelto a reunir como una original y nada organizada familia de ratas.
¿Por qué se me ocurriría pensar que los seres humanos pueden cambiar? ¿cuándo se me ocurrió la brillante idea de integrarme en una sociedad cerrada? Mi mundo se ha expandido con mis últimos viajes espirituales y mis últimas aventuras. He construido un imperio en solitario.
Y mientras por fin he logrado salir del atasco en el que me encontraba y he conseguido romper los barrotes de mi jaula, abriéndome al universo y construyendo aquello por lo que había soñado toda mi vida… las mismas personas que hace diez años me hablaban de sueños, ideas, ilusiones, siguen atrapados por voluntad propia en el mismo punto exacto en el que se encontraban, anhelando lo mismo que antes anhelaban, soñando con lo mismo con lo que antes soñaban, malviviendo y lamentándose sin hacer nada.
¿Pero qué les pasa? Nunca voy a comprender la mediocridad de las sociedades.
En fin, nos vemos a la vuelta del verano. Este invierno va a ser muy diferente a todos los demás.