Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
Ya notaba cómo se levantaba la brisa fresca. Sentía cómo se agitaban las hojas, cómo se le movían los pelillos de los brazos y se le erizaba la piel.
En mitad de la nada, empujó su nave hacia el mar y se dejó arrastrar hacia adentro por la marea al mismo tiempo que el viento soplaba. ¿Hacía dónde? ¿Qué importa hacia dónde cuando no sabes a dónde vas? Lo único que importa es que ahora que sé cómo debo gobernar no quiero volver jamás atrás.
Y así es como se hacen las leyendas, las historias de las personas que se convierten en héroes, en super héroes, en dioses, personas que ascienden a los cielos o al Olimpo. Las personas que alcanzan la inmortalidad.
La inmortalidad no se obtiene gravando un nombre en la piedra, sino gravando tus gestas en las mentes y en los corazones de quienes te rodean. Aquellos que te aman serán quienes te apoyen, aquellos que te admiran serán quienes sigan tu ejemplo en tu memoria y aquellos que te odian serán los que perpetúen tu historia hablando de ti.
La espera ha merecido la pena, supongo, o la está mereciendo. Ya llego al final del tedioso camino de la inseguridad. Todo prospera, todo sale adelante, todo mejora… y por fin se van arreglando las cosas. Dicen que ha sido un milagro, otros dicen que es un pacto con las profundidades del Infierno, otros dicen que no tengo corazón. Pero todos coinciden lo mismo: lo ha logrado, ahí está, dándonos con un canto en los dientes porque todos creíamos que una mujer sola, una mujer sin familia, sin propiedades, sin dinero, sin amigos, una mujer que no es de este mundo ha sabido gobernar sin la necesidad de someterse o atarse a las normas de nadie.
Aún me faltan un par de semanas, llegar al final del recorrido. Pero antes de que acabe el mes habré alcanzado mi objetivo y toda mi lucha habrá merecido la pena.
Puede que esté cansada, puede que me esté costando… pero habrá merecido la pena.
Jamás nadie podrá volver a hacerme daño.