Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
Vivir aquí, sin duda, me ha servido para aprender infinidad de cosas. Algo que me ha tocado profundamente, sobre todo, ha sido el desarrollar la capacidad, al fin, de distinguir lo que es real de lo que no lo es.
Es curioso, cuando vine a la Sierra buscaba algo auténtico, real, geuino. Buscaba conocer la realidad natural que se esconde detrás de todos los procesos artificiales que envolvían mi vida urbana. Lo que he encotrado ha sido sorprendente y muy contradictorio.
Resulta que aquí en la Sierra casi todo es artificial, falso, importado o trucado. Hasta las personas y las Instituciones; no son más que títeres vacíos disfrazados de honores y valores inventados que se desviven por aparentar algo que nunca serán sólo para quedarse con el dinero de los turistas que no saben que lo que están pagando es igual de auténtico que lo que nos enseñaban en los parques temáticos del Spaghetti western cuando íbamos de vacaciones a Almería.
Los amigos no saben ser amigos, los políticos mienten y pagan a la prensa y la Guardia Civil presume de medallas al mérito que no se han ganado haciendo nada más especial que rellenar una soliciud y presentar una oposición en la que suman puntos manipulando las denuncias y los delitos según conviene. Ni siquiera la cultura que venden es auténtica, sólo es un invento de este siglo colado por Patrimonio para intentar vender algo único que no es real. Restaurantes de Mercadona, precocinados industriales de proveedores, alimentos extranjeros del Alimerca y croquetas y tortillas de patatas caseras de bolsa.
Todo el mundo miente y esconde una versión perversa y viciada. Para muestra: la capacidad que tienen de asustarse de las amenazas de los guardias y dejarte tirada por no poner en riesgo lo suyo. ¿Qué podríais arriesgar si no tuviérais tantas sombras que esconder? La Sierra está llena de armarios rebosantes de muertos y se ocultan deliveradamente al turismo. La última demostración del absurdo fue un evento luminoso que trajo masivamente a la gente: camareros sobre explotados, ni un solo puesto de trabajo nuevo, masificación y cientos de multas recaudatorias por aparcamiento con las que la benemérita (que poco tiene ya de bene) se puso las botas.
Da pena.
Y aquí llega la luz al final del túnel: el Brujo del Páramo, mi Brujo, ese príncipe de cuento con el que empecé este blog, vuelve a casa. Él regresa tras su aprendizaje y siento que el universo vuelve a hablarme para mostrarme de nuevo esa luz perdida que me ha faltado todo este tiempo.
Después de conocer el odio, la envidia, la avaricia, la codicia, la vanidad, el ego, la miseria, el dolor, la traición, las mentiras, la manipulación… ahora puedo distinguir con claridad qué es auténtico de verdad. Y todo eso me lo ha dado este tiempo en contraste con las sensaciones, experiencias, vivencias y emociones que viví allí, en el mundo civilizado.
Ahora sí sé dónde está mi hogar y es cuestión de tiempo que la pequeña Dorothy, que por fin ha encontrado la dirección correcta hacia Ciudad Esmeralda, ande su camino de baldosas amarillas en busca de los zapatos rojos que la lleven de vuelta a casa.
Por fin todo vuelve a tener sentido y todo este revés no ha sido nada más que un vórtice caótico producido por la ausencia de la única luz que siempre ha guiado mis pasos.
Primero, llegar al mar… después, recuperar el sendero y volver, para siempre, al hogar.
«Entonces, ¿empiezo a mirar billetes?«
«Sí. No sé cómo darte las gracias.«
«Ya ves, seguro que disfrutamos aquí.«
«Es el regalo de mi vida… ¿qué ropa tengo que llevar?«
«Seguro que hace buen tiempo.«
«¿Formal o informal?«
«Informal… siempre me gustaste con esos vestidos tan tuyos.«
❤️¿Que por qué sé que es real? Porque él nunca me dijo te quiero.❤️