Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
A medida que el tiempo pasaba, la latencia de la verdad se iba haciendo cada vez más y más fuerte. La semilla germinaba. Muchos habrían podido pensar que el fuego destruiría todo lo que ese bosque podía llegar a significar. Pero la mayoría de los que piensan que el fuego es una amenaza para el entorno natural, no conocen el fuego. Alguien me dijo alguna vez que «a menudo encontramos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarlo» y durante los últimos años he aprendido que si el mundo debe arder, arderá y nada de lo que haga el ser humano podrá impedirlo.
La semilla estaba ahí desde hacía mucho, mucho tiempo, sólo necesitaba las condiciones climáticas adecuadas para terminar de brotar. Pero no lo veíamos. Acostumbrados a obligar a las semillas a nacer a nuestro antojo, cuando nos apetecía, no sabíamos que hay semillas que necesitan estratificar. No se trataba de una simple lechuga o una simple tomatera destinada a vivir seis meses y a morir para siempre. Era algo más grande. Las cosas más grandes y más importantes necesitan mucho más tiempo. Para fraguarse, para formarse, para prepararse y para desarrollarse.
El fuego debilitó la coraza como debilita y estimula la capacidad de germinación de las coníferas. Esto hizo que se agrietara y que los nutrientes pudieran penetrar en ella a través de las micorrizas que ya se habían forjado a su alrededor como una manta envolvente. Así fue como el período de latencia iba tocando a su fin, dando paso a una nueva etapa de crecimiento. Pero no la verían aún… primero tendrían que formarse sus raíces y para cuando el germen asomara tímido sobre la superficie de la tierra con sus dos pequeños cotiledones buscando el brillo del sol, ya sería tarde, ya se habría formado todo el tejido subterráneo aferrado a los cimientos que el ser humano no podía ver y nunca jamás podrían destruirlo.
Así fue como tuve que re pensar muchas cosas. Haciendo un análisis en retrospectiva de todos los hechos y sucesos acontecidos tras el «incidente» de 2023, una vez calmadas las aguas y sintiéndome por fin segura, me senté cómodamente a hacer balance de situación.
En aquel momento, «qué había pasado» era ya lo de menos y una nueva pregunta se abrió paso en mi mente iluminando mis ideas más oscuras: ¿qué habían conseguido?. Nada. La respuesta era simple y clara: no habían conseguido nada.
La persona que llevó a cabo el atentado se había destapado a sí misma con sus acciones, puesto que en todo este tiempo no había logrado avanzar absolutamente nada en su situación personal. Él sigue siendo el mismo alcohólico descreído que maneja sus relaciones a base de chantajes, amenazas vacuas y rabietas, sigue dejándose ver borracho como una cuba en lugares bien visibles y me imagino que sigue montando dramas y arrastrando a las personas problemáticas tras de sí.
Las personas que intentaron ocultarlo no han conseguido nada. No pudieron hacerme callar, no pudieron impedir que mi versión de la historia corriera finalmente por los lugares por los que era evidente que correría y todo porque hay algo que yo tengo que ellos no: la documentación. Mientras esas personas sólo tienen rumores y mentiras yo tengo en mi poder todo tipo de mensajes, archivos, documentos, grabaciones… al final, quedó patente que la justicia es la que es y las personas que me rodean entienden, sin necesidad de que yo lo aclare, quiénes son los malos.
Lo que me robaron nunca prosperó, murió el mismo día que me lo robaron. Supongo que el dinero de la Asociación de Mujeres se lo tragó el banco, ni siquiera habrán sido capaces de robarlo. El NaTTour nunca se repitió. Y en el pueblo no se hizo absolutamente nada más. Entonces me di cuenta de que no tenía que volver a empezar y tampoco tenía que reinventarme. Simplemente, tenía que continuar con lo que estaba haciendo, aquello que nadie sabía que formaba parte de los cimientos de mi verdadera realidad. Al fin y al cabo, mi impronta está grabada en cemento, en hierro forjado y está expuesta en absolutamente todas y cada una de las calles de ese pueblo para la posteridad.
El efecto fue singular. A mi alrededor, mi semilla sí que germinó y lo que antes hacía gratis por gente ingrata incapaz de valorar el esfuerzo que una se toma para generar beneficios para los demás, ahora tenía la oportunidad de hacerlo cobrando para personas que no sólo nos habían dado la oportunidad de hacerlo una vez… sino que habían quedado tan encantadas que nos habían pedido más y nos habían ofrecido una puerta hacia otro umbral. Sin necesidad de mentir, sin arriesgarnos a que nos robaran instituciones entrometidas, valorando cada micra de esfuerzo y empeño que nosotros mismos le vamos poniendo para construir algo único que no tiene nadie más, algo que perdurará en el futuro.
Lo irónico de todo es que contar mi historia a quienes preguntaron por ella me ha servido para vender nuestras actividades y para que otras gentes afines a nuestra corriente de pensamiento corroboren que en la tierra de la que vengo son muy malas personas y no es que lo diga yo, es que los hechos hablan por sí mismos y las personas neutrales sacan sus propias conclusiones sin necesidad de manipulación. Llegados hasta aquí, a la persona que me está leyendo me gustaría decirle dos cosas: