Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
Buenos días, insurrectas. Hoy el café amarga un poco más, pero es el sabor de la realidad sin filtros. A veces, el domingo no es para descansar, sino para observar los restos del naufragio ajeno desde la orilla de nuestra propia construcción. Si te sientes expuesta después de ver el abismo, recuerda: tú eres la que tiene los pies secos.
Ayer, sábado, salí con mi unidad de apoyo (compañero) a por la cena (nos gusta pedirla para llevar de vez en cuando). Lo que debía ser un trámite logístico se convirtió en una visita guiada por el infierno de la mediocridad. Allí estaban, en el bar de siempre, oliendo a semanas de abandono y derrota. Dos de mis “ex”, concretamente los dos arquitectos de la Luz de Gas que pasaron años intentando convencerme de que yo era el fallo tóxico del sistema, cuando la realidad evidente es que ellos son el virus.
Pero la guinda del pastel de mierda fue ver a mi antiguo «protegido» limpiando a mano la plaza de mi casa a lo largo de la semana. Ese que decidió que mi luz deslumbraba demasiado y prefirió la sombra de los zombis del ayuntamiento y se cobijó al amparo del enemigo. Allí estaba, cumpliendo su condena —metafórica, o eso espero—, mimetizado con el entorno.
¿Cómo se pasa de una nómina estable de 1.300€ y una estructura sólida a la miseria de una media jornada en un vertedero emocional? La respuesta es la Entropía del Grupo. Cuando huyes de la disciplina y la soberanía para mezclarte con el enemigo, te acabas convirtiendo en parte del mobiliario. Han cambiado la dignidad por un entorno tóxico donde el alcohol y los estupefacientes son el único parche para una vida vacía. Han pasado de ser humanos con potencial a ser terminales estropeadas que solo emiten Ruido Biológico.
Dicen que las comparaciones son odiosas, pero a veces son el diagnóstico más preciso que existe. Mientras yo sigo creciendo, expandiendo mi trabajo, mi asociación y mis proyectos con solvencia y autonomía, ellos siguen atascados en el bucle infinito de sus conductas autodestructivas. El tiempo es el juez más implacable y su veredicto es inapelable: menos mal que «la mala» era yo. Mi aspecto, mi energía y mi independencia son la prueba de que el «malware» no estaba en mi sistema, sino en el de ellos.
Mantened vuestro sitio, aunque el paisaje sea feo. El éxito es la mejor venganza, y vuestra libertad es su peor castigo.
Vuelvo a la carga. No ha sido una retirada, ha sido un repliegue estratégico para rearmar el arsenal. Mañana lunes lanzaré el post oficial con toda la información y la hoja de ruta actualizada. Estad atentas a la señal.
Lo que dice la gente: