Anonima Geek

Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.

Domingos con D: dispersión

Madre mía, ¿me he desconectado un mes entero? Deberías probarlo.

La verdad es que no he estado activa casi nada en Internet, he estado ocupada.

De la misma manera que me desconecto de internet, me desconecto de la red social más cercana (a saber: la gente que me rodea). Como sabéis todos mis lectores, la gris realidad de los personajes turbios que me rodea anda siempre al acecho. Y todo el mundo comete el mismo error: creen que por pasarse el día sentados debajo de mi balcón o por verme pasar religiosamente a la misma hora por los mismos lugares me tienen controlada y pueden permitirse el lujo de especular sobre mi vida y la vida de quienes me rodean.

Anda que no se han oído rumores por mi barrio estos días. Lo único que consiguen de esa manera, tal y como ya he demostrado en más de una ocasión, es que sea yo quien controla sus tiempos y sus rutinas. Lo mejor de las personas tristes y rutinarias es que creen que todo el mundo vive igual, anclados a una triste y gris rutina, cuando la realidad es que la rutina es lo que siempre nos permite ir y venir sin ser vistos… y sorprender a través de los medios convencionales.

Y los que se van a oír.

Pero no, amigxs, no he estado ociosa. A parte de trabajar y lidiar con mis propios problemas carentes de valor en estos lares, he estado ocupada gestionando la apertura de todas las puertas que intentaron cerrarme los años anteriores. Necesitaba terminar de demostrarme a mí misma que todo era posible y viable y que mi poder es mucho más fuerte y poderoso que el de los demás.

Tal y como estaba escrito: no pudieron conseguir nada de lo que se propusieron contra mí. Ahora las puertas de mi futuro se abren de nuevo, no porque nadie me haya dado paso o me haya invitado, sino porque fui yo quien decidió forzar las cerraduras para dotarme tanto de los derechos que se me habían robado como de los mismos de los que gozan los demás. Al fin y al cabo, si las malas personas pueden disfrutar de según qué privilegios, ¿por qué no las buenas?

Hay una diferencia crucial entre los logros de las malas personas y los logros de las buenas personas: los de las malas personas no duran demasiado porque no están construidos sobre pilares sólidos. Normalmente, se desvanecen.

No hace mucho, alguien me dijo bromeando y entre risas: «es que contigo tienen un problema: no te callas nunca». Y es cierto, no me callo, pero la verdad es que no tengo por qué, ¿no? Quiero decir, si las malas personas pueden hacer correr rumores y difamaciones sobre las buenas personas, por qué no íbamos las buenas personas a poder usar las mismas técnicas para pregonar la verdad. Ahí está la cuestión: cuando las mentiras se desvanecen, la verdad prevalece. Y ahí, amigos míos, es cuando el mismo juego, con las mismas reglas, obtiene diferentes resultados.

Tengo muchas ganas de volver a escribir y de volver a hacerlo asiduamente, pero por el momento estoy demasiado ocupada gestionando la nueva normalidad y lidiando con la ola de calor, pero prometo volver a hacerlo en breves. Aún me queda mucho material en el tintero, quiero poner en práctica varias ideas y quiero terminar de ordenar y gestionar todo el material oculto que no podéis ver para mostrarlo con el nuevo enfoque.

Recuerda: te quiero, si no te lo ha dicho nadie, ya te lo digo yo… pero hazte un favor y quiérete tú, porque si no, no nos va a servir de nada que yo reparta mi amor por la red.

Nos vemos pronto. Hasta entoncces:

Desconecta. Fin de la comunicación.

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Esta entrada fue publicada en julio 5, 2026 por en AGENA, Domingos con D, soberanía digital y etiquetada con , , , , , .

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