Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
Hola, holita, gente de internet… ¿había dicho ya que estoy desconectada? No se está notando. Seguro que estáis todos, todas y todes de vacaciones y/o huyendo del calor.
Lo primero os cuento cositas. La saga que estaba publicando, que se ha visto interrumpida por mi brusco parón, continuará cuando mi vida retorne a su elemento natural. Los artículos están todos ahí y podría dejarlos programados, pero no tendría control sobre el ecosistema que gira a su alrededor, así que he preferido hacer «vacaciones blogueras» hasta septiembre-octubre, dependiendo. No os rindáis, porque vendrán novedades también y cambios (estoy trabajando en ellos).
Mientras el blog está parado, mi vida continúa. Este verano está siendo un verano lleno de respuestas a preguntas antiguas que nunca había formulado pero que siempre han rondado mi subconsciente de una manera de otra. Además, está siendo un intenso verano de cierre de capítulos muy intensos que venían de atrás. Ya sabéis cómo es esto de sobrevivir y superar traumas: como las cebollas, es decir, vas pelando capas hasta que te quedas con lo tierno de dentro y te liberas de toda la porquería.
Bueno, pues resulta que una espinita que tenía clavada dentro de mi alma era el asunto del físico. Como podéis imaginar y, si no, os lo cuento (no sé si ha hablado alguna vez de esto por aquí, pero si no lo hice nunca, seguro que la mayoría flipa). La historia es que las mujeres de mi familia siempre hemos sido inseguras (o eso creía yo) con el tema de nuestro aspecto físico. Siempre como que nos hemos sentido menos que las demás. Y para todos los seres del planeta que pensaban que yo me lo tenía creído por guapa, que sepáis que no es así, mi ego no viene de guapa sino de mi autoestima basada en mi capacidad para superar obstáculos (flipas, ¿no?).
La cosa es que yo a eso había llegado con 16 años o así y la verdad es que nunca me vi atractiva hasta que saltaron las redes sociales y me hicieron ver el físico que tenía antes (sí, antes del incendio). Obvio la medicación post-trauma me perjudicó bastante el organismo y llevo ya dos años combiatiendo los residuos tóxicos que todos los sucesos dejaron en mi organismo (para volver a ser la misma de antes, bueno no, una nueva versión 3.0).
Y aquí viene la crítica «anti fitfascista».
Resulta que trataba de conseguir un rendimiento concreto, en parte por probarme a mí misma y en parte porque tengo que conseguir unas marcas concretas si quiero aprobar las oposiciones algún día. Y no encontraba el momento. Me costaba una barbaridad (me encanta esta palabra). Básicamente, procastinaba.
En algún momento de mis viajes veraniegos topé con una familia que siempre tenía sobre la mesa la conversación sobre salud, dieta y deporte. Son gente activa con horarios rigurosos y dietas estrictas pautadas por objetivos (no tengo nada en contra ni de esa gente ni de su estilo de vida, en este caso, se trata de gente muy saludable). Así que, como es natural, llegó el momento de las preguntas… bueno, yo te pregunto qué es lo último que has leído o qué serie estás siguiendo en Netflix, pero ya sabes que cada uno va con su tema. Así que las preguntas fueron cosas como que qué opino de las dietas o de hacer deporte, si hago dieta o practico deporte y cuáles son mis marcas.
Ahí se me hizo la luz. De repente entendí por qué aborrecía el deporte, por qué me estaba costando coger la rutina de hacer cardio, por qué procastinaba, por qué no podía bajar de peso, por qué antes del incendio tenía un físico tan espectacular y por qué ahora no termino de alcanzar mis metas.
Provengo de una familia muy deportista (hiper deportista), que además practica o practicaba deporte de competición. En mi casa el deporte no era una opción. Todo giraba en torno a una meta: una medalla, una marca mejor, un récord mejor… así que todo el mundo se sobre presionaba para correr más, pesar menos, nadar mejor, golpear más rápido, etc.; nunca practicaban deporte por diversión. Y siempre hacían dieta, pero no por comer saludable, sino por amoldar sus necesidades nutricionales a un objetivo concreto.
El Ocio, en mi casa, estaba completamente diferenciado del deporte. Es decir, el ocio giraba en torno al alcohol y los excesos. Si estábamos en vacaciones, podíamos beber y comer hasta reventar. Ya lo arreglaríamos cuando volviéramos a la rutina.
Así que la vida, en la familia de la que provengo (y me imagino que la vida de mucha más gente) consistía en repartir el tiempo entre obligaciones (trabajo/estudios), deporte, fines de semana de desfase y excesos y vacaciones (períodos de tiempo en los que nos íbamos lo más lejos posible para poder hacer todas las cosas que nos daba vergüenza hacer en el lugar en el que vivíamos).
Yo soy neurodivergente, así que no le encontraba el chiste a vivir sobre presionada y como era lenta para aprender cosas que para todo el mundo son fáciles, mi padre claudicaba conmigo y se volcaba en mi hermana, que era más habilidosa para aprender a ejecutar actividades disciplinarias. Así que a mí intentaban obligarme a ser deportista y me juzgaban por no serlo. En la adolescencia y en mi primera juventud, por ejemplo, se me juzgaba mucho por tener un gran físico y no cuidar ni mi alimentación ni mi físico.
Así que la cultura del deporte me causaba rechazo. A pesar de todo, a mi manera encontré diversión en áreas activas y divertidas como la danza, el aerobic y demás… pero mi permanencia en los gimnasios solía ser intermitente.
Cuando estas personas me preguntaron por el deporte y la dieta, lo entendí todo:
NO CREO EN EL DEPORTE
NO CREO EN LAS DIETAS
Antes de que me juzgues, deja que te lo aclare. Lo que la sociedad contemporánea llama «deporte» y/o «dieta» me parece más bien una estúpida manera de torturar al organismo y a la mente humana. Y lo que la gente entiende por «ocio» asociado al espacio en el que ·me voy de vacaciones e interrumpo mi actividad laboral y deportiva», me parece una aberración y un sacrilegio para el cuerpo humano.
No estamos hechos para hacer deporte. Ya tenemos bastante estrés con los estudios, el trabajo y la conciliación familiar como para añadir a nuestras vidas el estrés de tener que ser los mejores en cualquier deporte o tener que hacer X marcas para que se considere que hacemos deporte o tenemos una vida deportiva. ES UN BULO, UNA MENTIRA FASCISTA que nos ata a un nivel de consumo de ropa, de música, de complementos, etc. que no necesitamos.
Y tampoco necesitamos dieta.
El ser humano está hecho para MOVERSE y para HACER COSAS. Despégate del televisor o del teléfono móvil, haz cosas (las que sean, abúrrete y averigua qué curiosidades sientes, ¿cuánto hace que no te diviertes de verdad?) y come sano TODOS LOS DÍAS. Con una actitud saludable frente a la vida puedes comer prácticamente de todo, sólo hay que ser coherentes y organizarse un poco.
Para mí, no es deporte, es divertido. En el momento en que dejé de obligarme a mí misma a alcanzar objetivos y a torturarme y frustrarme porque no alcanzaba las metas en el tiempo que quería, mi organismo dejó de preocuparse por lo que no conseguía y empezó a pensar en lo que sí podíamos hacer. Ya no corro para llegar a ninguna parte, corro porque me divierte.
Me quité el reloj, dejé de mirar las marcas, dejé de contar los minutos, me puse música que me gusta y, por primera vez desde el maldito incendio de los cojones, he superado mis primeros 40 minutos seguidos de cardio. Y además, me he divertido.
No tenemos la obligación de conseguir nada: una velocidad, un tipo de musculatura, un tipo de cuerpo, una talla, una distancia, un tiempo… sólo los deportistas de élite tienen que cumplir esos objetivos. Los demás mortales de la tierra sólo tenemos que hacer actividades deportivas para divertirnos (y para poder atarnos los cordones de las zapatillas). La mayoría de los cuerpos humanos se tonifican solos y se amoldan a su talla perfecta si nos dedicamos a hacer cosas divertidas: bailar, caminar, pasear al perro, nadar… no sé, cualquier deporte, pero sin medirlo.
En fin: trauma desbloqueado.
Por cierto, está demostrado que las personas felices viven mucho más tiempo que las personas infelices. Todo esto está directamente relacionado con la secreción de hormonas como el cortisol y la oxitocina; y la actitud tóxica frente al deporte y frente a las dietas os adelanto que es una actitud de mierda que te genera tal cantidad de cortisol que prácticamente se vuelve contraproducente a largo plazo para la salud. Sobre estas cosas, pretendo escribir cuando volvamos de vacaciones y acabemos lo que habíamos empezado.
DIVIÉRTETE. Pero no por vacaciones, diviértete todos los días. Te lo mereces.
