Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
«Van a volver a acosarte»
«Lo sé»
«¿Estás dispuesta a pasar por todo eso otra vez?»
Sonreí. Había aprendido. Ahora iba a ser todo mucho más fácil.
Dicho y hecho. No tardaron demasiado en pararme para fichar la matrícula de mi coche.
«Sólo queremos comprobar que está en regla», dijo el agente en cuestión.
«Claro, ¿necesitas algo?»
«Hacía mucho que no te veíamos», otra sonrisa, ni falta que hacía.
«Ya, es que tampoco paso mucho por aquí», asintió, como si fingiera comprenderlo.
«¿Qué le pasó a la furgoneta?», cayó en la cuenta de repente.
«Partió el motor y se tiró siete meses en el taller, no iba a quedarme aquí mirando al techo sin poder trabajar ni tener una vida, ¿no?»
«¿Está a tu nombre?», preguntó mientras el otro agente comprobaba los datos en su PDA.
«Claro».
El uno miró al otro, el otro asintió con la cabeza y me dejaron ir sin pedirme la documentación, los papeles del vehículo ni nada más. Ahora ya saben cuál es mi vehículo y de dónde lo saqué, si lo han rastreado, imagino que volverán a acosarme una temporada corta, pero espero que tengan más cuidado esta vez.
«¿Y no te piden nada más?», preguntó uno de mis pasajeros con sorpresa.
«Saben perfectamente que soy yo».
Espero que las personas que vigilan mi casa mientras hacen las obras puedan confirmar tranquilamente a quien les pregunte a cuánta gente han visto entrar y salir de mi casa. Espero que comprueben mis contratos, mis gastos, y que sigan el rastro del dinero de mis pagos hasta sus fuentes. Espero que analicen todo lo que tengan que analizar y que observen mis méritos y mis logros.
Estoy aquí. Y voy a ocupar mi lugar.
