Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
Esta semana me han preguntado si todavía sigo escribiendo. Y me ha hecho ilusión. Me hace gracia que me reconozcan públicamente que me leían, que mis artículos impresionaban y, sobre todo, que resultaba muy complicado distinguir la realidad de la ficción. Esa es la magia de todo esto, my friends. Una escritora que conoce el mundo que la rodea ha de protegerse.
Y aquí viene la inflexión.
Estamos en una situación en la que por fin las masas ingentes de personas se tiran a las calles a protestar por defender sus derechos del fascismo español. Muchos, son quienes critican a toda una generación que se ha tirado a las calles y muchos más quienes auguran un nuevo fracaso basados en los hechos del 15m.
Reconozco que nos estamos haciendo mayores y que con toda probabilidad vamos más cansados de luchar. Pero debo decir que me resulta gratificante ver que se vuelven a tomar las calles y se vuelve a dar voz a los problemas que asolan nuestra envejecida sociedad. ¿Dónde estaban la juventud y los antifascistas? Probablemente hasta los huevos de trabajar pluriempleados con contratos precarios para pagar alquileres abusivos mientras estudian sus carreras tratando de luchar por cumplir sueños imposibles.
En la Sierra no es que no haya juventud, es que ha sido expulsada. Y aquí la ultra derecha es muy tóxica, muy pesada y muy dañina con sus campañas de difamación contra las personas que nos atrevemos a representar un grano en su culo especulativo y en sus políticas egoístas. No les gusta nada que les obliguemos a cumplir con los habitantes de la sierra, a parte de utilizarnos como escenario para sus propios fines megalómanos.
Y la verdad es que los politicuchos de tres al cuarto que tenemos aquí venidos a menos a cuenta de su ambición soberbia llevan MUY mal nuestra mísera existencia. NO PUEDEN ESCONDERNOS cuando viene el turismo. Ocupar el espacio que nos pertenece en el lugar en el que vivimos es nuestro acto de protesta, nuestra reivindicación particular.
Puede que en los municipios de 80 habitantes no se note tanto nuestra presencia, teniendo en cuenta que tenemos una relación de 1:90, pero molestamos lo suficiente como para sacarles los colores y aunque no nos desplacemos hasta lugares tan populosos como las capitales de nuestro país, reivindicamos y ejercemos desde aquí, tratando de dar el ejemplo que falta y de inspirar valentía a quienes nos rodean.
Si tuviera alguien a quien motivar, le diría: hazlo, sal a la calle. Sí, te van a criticar y probablemente intenten ejercer la violencia contigo injustamente como la ejercieron contra mí, pero no pueden silenciarte ni borrarte ni hacer que dejes de existir y tu simple existencia es mucho más valiosa de lo que te pienses.
Molesta pero, sobre todo, molesta EJERCIENDO TUS DERECHOS. Que les quede claro dónde están los límites y cuándo traspasarlos empieza a jugar en su contra como políticos, como personas y como aspirantes a un trono capitalista que jamás van a alcanzar pues por mucho que quieran creerse clase alta, los politicuchos de pueblo y los multipropietarios rurales no son más que eso: otra clase de pobres, pero mal informados y con ínfulas de abusones.
