Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
El año pasado sólo tenía un propósito: seguir mi propio instinto. No es fácil escuchar la voz del interior de una misma y tampoco es fácil darle credibilidad a esa vocecilla oscura y lejana que no sabes muy bien de dónde viene ni en qué se basa para darte tantas indicaciones.
Pero aprender a escucharla es esencial. Y con mi voz interior, en mi principio de maravillosa esquizofrenia controlada, escuché un coro entero de voces.
La mayoría de las voces del coro son voces oscuras del pasado, voces pertenecientes a recuerdos que una mente atormentada no puede olvidar. Voces, al fin y al cabo, que la memoria de mi propia existencia me recordaba que yo misma me hacía pagar las penitencias de tantos actos oscuros e incomprendidos que creía haber cometido y que, en realidad, nunca fueron culpa mía.
Más allá de esas voces que se me aparecían en las tinieblas de la noche, en las sombras del bosque, en la noche de mi alcoba vacía, encontré otras voces que formaban parte del coro. Voces que habían sido acalladas, enmudecidas, por esos barítonos y bajos de mi pasado.
Disponerlas de forma armónica en el coro de mi propia esquizofrenia ha sido toda una odisea. Escuchar a los maltratadores y a los torturadores, tanto masculinos como femeninos, de mi infancia para poder colocarlos en su lugar correspondiente ha sido una experiencia digna de la locura más intensa que jamás he sentido. Pero dispuestos en su sitio contrarrestan y equilibran las voces mis fracasos, que también se alzaban con voz de tenor.
Justo delante de toda esa locura de huellas y marcas del libro de mi vida, encuentro ahora las voces femeninas de la Madre Naturaleza. Voces limpias y claras que se complementan unas a otras dándome la visión de mi propio ser y de mi propia vida.
A la izquierda, entre los sopranos, el valor, las creencias, todos los conocimientos alcanzados con el paso de los años unidos y sujetos a mi memoria bajo la promesa de no olvidar jamás ni uno sólo de los pliegos leídos que configuran todo un imaginario de saberes que conforman una vida, su supervivencia, su preservación hasta el fin de los tiempos.
A la derecha, entre los altos y contraltos, la existencia misma, el futuro, el horizonte y el deseo de vivir y de crecer. Lo inesperado, lo nuevo, la guía que desea alcanzar los confines más lejanos, el ansia misma de descubrir el propio universo y su entera realidad.
En el centro, la voz de la Madre Tierra. Siempre he dicho que «Madre Tierra cuida de sus hijos, de los que saben escuchar y de los que saben cumplir» y, este año, he aprendido a escuchar su voz y he sido recompensada. Madre habla, yo la escucho, y en consonancia con el resto del coro de mis voces esquizoides entiendo sus palabras y encuentro las pistas que me ayudan a mejorar y a aceptar cada decisión y a encontrar cada camino en cada encrucijada.
Este año he aprendido a no tener miedo y a vivir en libertad, una libertad desprovista de toda necesidad y dependencia posibles. Para el próximo año no tengo propósitos. Ahora que he encontrado el camino, todo lo que me queda es seguir escuchando y seguir caminando y guiar a las voces de mi coro para que su música siga siendo excepcional.
Este blog es pura ficción, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia y sólo demuestra que tienes un problema severo de autoestima y protagonismo. No seas ególatra!! Se trata de mí, no de ti, por una vez en mi vida. Además es como la peli del Makinavaja: va a ofender a todas las insituciones posibles habidas y por haber... así que si te ofende, es que hice bien mi trabajo o te autoidentificaste como parte del problema social.
Anónima Geek by Bárbara H Ballesteros is licensed under CC BY-NC-ND 4.0
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