Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
Dicen que los pulgares nos diferencian del resto de los animales… y la verdad, sí que son dedos muy útiles. El pulgar es el dedo con el que nos apoyamos para agarrar, sujetar o hacer fuerza para todo. ¿Lo más curioso? Que no te das cuenta hasta que lo pierdes.
No os alarméis… conservo mi dedo, ¡por poco!
Vale, los animales muerden, arañan y seccionan arterias. Pero las frutas y verduras tampoco es que sean inofensivas. Y menos aún cuando hablamos de frutas que no están maduras del todo, de cuchillos desafilados, etc. Un aguacate vengativo sabe cómo hacer resbalar un cuchillo sin filo y seccionarte un dedo.
¿Que no? Pues sí. El otro día haciendo la cena fui a sacarle el hueso al aguacate del demonio con el cuchillo que no era y ¡zas! Me seccioné el dedo gordo de mi mano izquierda por cuatro sitios diferentes.
Y como no podía ser menos y a mí me van los espectáculos (tiritas para qué, mariconadas, aquí mi torpeza y yo jugamos en otra división más hardcore), aquello se lió a sangrar como si no hubiera un mañana. ¿Os lo imagináis? Mi primer instinto (costumbre, supongo) fue esconder el dedo por eso de que no estaba cenando sola.
¡Menudo espectáculo! Yo allí, de rodillas, con el dedo envueltito en papel de cocina pringado de sangre, un charco de sangre a mis pies y el hombre que duerme en mi cama preguntándome eso de:
«Tía, ¿estás bien?»
«Sí, tranqui… un cortecito de nada, descuartiza a ese hijo de puta y yo ahora despejo la mesa«, a todo esto, con las lágrimas de dolor corriéndome a raudales mejillas abajo.
Vale, él me creyó y me libré de irme a dar puntos de sutura… que seguro que si me hubiera visto la herida habríamos ido y me habrían dado dos o tres. Pero es que para eso hay que recorrer en coche una carretera malísima llena de curvas, no tenía gasolina suficiente, ni ganas… el médico está ¡cuatro pueblos más allá!
Así que me fui a mi habitación, me desenvolví el dedo aguantándome el dolor, le corté una hojita a mi sufrido aloe vera y unté bien del jugo dentro de las heridas. Sí, habéis leído bien: DENTRO. Después puse unas gasas y esparadrapo y esperé hasta el día siguiente.
Ayer hice lo mismo. Destapé la herida, cogí la hoja del día anterior que había guardado en la nevera, y tras lavar mis heridas volví a darle leña al aloe. Evidentemente ayer no pude usar esa mano para nada. A la noche otra curita milagrosa y esta mañana: ¡boom! como nueva.
Sólo tuve que aguantar el dolor un día.
Lo que vengo a contar es que mi caso con las heridas es un poco especial. Por algún milagro de la naturaleza genética o algo los médicos siempre me han dicho que tengo el nivel de plaquetas bajo sin llegar a ser hemofílica y, por lo visto, también tengo muchísima sangre en las venas. Esta combinación hace que mis heridas sangren a lo Tarantino y tarden media vida en cicatrizar.
Normalmente, con povidona yodada (betadine de toda la vida) puedo tener una herida abierta semanas enteras y la costra durante meses. La cosa es que con el aloe he tardado dos días en cicatrizar y después en menos de una semana me desaparecen hasta las marcas.
Llamadme rara… pero yo lo tengo claro.
PD: tampoco os asustéis mucho… algunas de las que no están en el dedo son del corvillo, de la vendimia y esas cosas xD xD La que es torpe, es torpe.