Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
Vaya, cómo pasa el tiempo. Hacen ya dos años que vine a vivir aquí. Y el día 15 harán dos años que Hipo está conmigo. Qué invierno pasamos.
Hacía tanto frío que no se podía habitar en la casa y bajé toda la indumentaria de la cocina y puse una estufa en el piso de abajo. Nos atrincheramos en el salón y ocupamos una de las alcobas pequeñas. Vivíamos cerrados a cal y canto para no helarnos y dormíamos el perro, los dos gatos y yo en la misma cama arrebujados entre las mantas para darnos calor.
Qué tiempos aquellos.
Aprendimos a buscar setas y castañas porque no teníamos dinero para comer y nos las veíamos moradas para comprar bombonas de butano para la estufa. Fue muy divertido. Teníamos tan pocas opciones que creamos un vínculo entre Hipo y yo para sobrevivir. Creo que por eso nuestra relación es tan especial.
Cuando tuve dinero para comprarle su primer saco de pienso me miró muy sorprendido. Estaba tan acostumbrado a comer lo mismo que yo que no entendía por qué su comida era distinta. Me costó mucho trabajo convencerlo de que el pienso era bueno para él y, a día de hoy, sigue siendo un perro capaz de comer cualquier cosa… siempre y cuando yo se la dé.
Un día me lo encontré sentado encima de la mesa, con los dos gatos. Parecían tres jarrones en el centro de la mesa. El perro tenía sólo tres meses y cuando lo dejaba solo aprendía de los felinos. Aquel día no sabía si reír o regañarle. Luego empecé a enseñarle trucos y aprendió deprisa. Es un tío grande.
Cómo hemos cambiado. Después de aquello vinieron los trabajos temporales (el verano pasado nos íbamos el perro y yo a cerezas y él también sabe cogerlas de las ramas bajas), el dinero a cuenta gotas, cambiamos la distribución de la casa, empezamos a amueblarla… y lo que antaño fue una chabola ocupada se ha convertido en un hogar casi decente.
El invierno pasado tuvimos dinero para sobrevivir. Este invierno tenemos dinero y la despensa llena de comida. Es increíble. Supongo que una no se da cuenta de lo que es capaz hasta que se pone a ello. La cantidad de cosas que tengo sólo porque yo las hice.
Recuerdo que me dijeron que no iba a aguantar. El año pasado, durante las cerezas, me decía todo el mundo que tarde o temprano me iría del pueblo y buscaría otra cosa en una ciudad. Pero cada día que pasa estoy más cómoda y más a gusto. Y aunque no siento mis raíces, me siento como en casa, supongo que eso es porque todo lo que hay aquí lo he puesto yo misma y lo he puesto a mi manera.
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