Anonima Geek

Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.

Mentiras, mentiras, mentiras…

Los seres humanos estamos hechos de mentiras. Todo el mundo miente. «Te quiero», mentira, la mentira más simple y básica de todas. «Amigos para siempre», mentira, grande y gorda.

Todos somos amigos cuando salimos de fiesta, somos amigos de los que nos prestan cosas, de los que nos regalan y de los que nos facilitan la vida. Somos amigas de los porteros de las discotecas y de los camareros cuando queremos copas gratis y amigas de los fumadores cuando no tenemos fuego o cuando necesitamos un cigarrillo.

«Amor». Palabras de cristal que se rompen contra los dientes cuando salen de nuestras gargantas. «Te quiero». Sí, ya. Yo quiero a mis perros, quiero a mi coche y quiero a mi cocina. Quiero a mi ordenador, mi granja, quiero mucho a mis gatos y a mis codornices. Me dan productividad y me facilitan las cosas.

¿De qué sirve querer a las personas? No lo sé. Desarrollar sentimientos hacia los seres humanos con los que se convive. Se supone que en teorías antropológicas el amor no es más que un lazo de supervivencia. Las madres quieren a sus hijos porque éstos necesitan que los cuiden para sobrevivir. Los hombres y mujeres se quieren porque necesitan del grupo para la supervivencia.

¿Y en nuestro siglo? ¿Habrá desaparecido el amor antropológico? Ya no necesitamos al grupo para la supervivencia. Podemos echar un polvo en un momento determinado en caso de necesidad extrema y la seducción cobraría algún sentido, al fin y al cabo, sólo necesitamos a otra persona para traer a alguien al mundo.

Y para las demás cosas están el trabajo, el dinero, el trueque, el intercambio de favores no necesariamente sexuales… ¿para qué coño queremos el amor en nuestro siglo? ¿Para escribir poemas? Para eso seguro que hay alguna App móvil. Y si no, siempre se pueden re escribir los clásicos. ¿Por qué no?

Me imagino a Shakespeare o a Poe en nuestra época actual. No sé si se morirían del asco, de la risa, de la vergüenza o de una mezcla de las tres cosas. Es ridículo.

Amigos. Hoy en día un amigo es un contacto del Facebook. Sin más. ¿A cuántas personas tenemos en nuestras redes con las que no hablamos? ¿Cuántas personas tenemos que no nos interesan? ¿Y a cuántas hemos dejado de seguir para que ni nos aparezcan sus publicaciones? Qué locura. Y todos esos se llaman ‘amigos’.

‘Amor’, menudo suicidio social. Ni siquiera tiene valor, es todo tan ridículo…

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Esta entrada fue publicada el septiembre 16, 2015 por en Crítica, Redes: likes y dislikes.

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