Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.
Una vez te conté un cuento sobre un brujo que vivía en lo alto de una torre oscura en medio de un páramo gélido y desértico… un brujo cuyas sombras tenían el poder de remover las entrañas de la gente y conectar con las almas de los mortales atormentándolos sin remedio. Te conté cómo una pequeña bruja tuvo el valor de adentrarse en la torre y de conjurar a aquellas sombras.
Te conté que el secreto no estaba en enfrentarlas, sino en aceptarlas como parte de la esencia misma de la vida y te hablé de un bosque que supo crecer en torno a la oscuridad, conformando hermosas enredaderas que se alimentaban de los sueños y crecían en el más recóndito de los lugares. Un bosque de enredaderas de luz de luna cuyas raíces tienen su origen en el mismo punto exacto del mundo en el que nacen las sombras de la torre del Brujo del Páramo.
Cariño… tengo sueños inquietos. Sé que si miro en el estanque podré contemplar en sus aguas inquietas la turbulenta imagen de tu calma y de tu realidad. Pero tu alma se me presenta en mitad de la noche y me atormenta. ¿Qué te está pasando? Sé que si te pregunto me vas a responder desde la mediocridad de tu forma humana, sé que en términos humanos, en términos físicos, en términos convencionales todo va bien.
Pero tu alma me llama y me habla en susurros. Tu espíritu se está refugiando en el nido de luz de luna de mi alcoba y noto que algo dentro de ti está temblando. No puedo esconder tu alma en mi alcoba durante la noche, tienes que ser fuerte, amor mío. Tienes que enfrentar aquello que te atormenta allá a donde esté tu cuerpo físico, porque desde aquí no puedo hacer nada más que alimentar tu ausencia.
En la próxima luna encenderé velas por ti, ordenaré la vigilia de los espíritus de la tierra y enviaré a tu lado todas las fuerzas que estén en mi poder. Te quiero, cariño, puedo ser fuerte por los dos, pero no puedo librar tus guerras por ti.
