Anonima Geek

Anónima, Geek… bruja, guerrera, libre, liberada. Esta es la historia ficticia de mi particular guerra real.

Por qué me gusta viajar

Por alguna extraña razón, tendemos a caernos mejor y a ser más honestos y más sinceros con los extraños que con las personas a las que conocemos. ¿Por qué? Muy simple, los extraños no nos traicionan ni nos mienten ni nos rompen el corazón. Al no conocernos, no tenemos la necesidad de mentir y al saber que nunca volveremos a vernos podemos permitirnos el lujo de ser, durante un rato, nosotros mismos libres de que nos juzguen.

Mi viaje empezó ayer… y ha empezado como solían empezar todos los viajes y todas las aventuras de cuando tenía 20 años y vivía una vida 100% auténtica: con un «sí» sin pensar, un objetivo que no sabía cómo alcanzar y un reto por superar.

Lo que me llama la atención, ahora que tengo treintaytantos, es que me he dado cuenta de que puedo didividir a los hombres de mi vida en dos bloques muy marcados y muy bien definidos: tóxicos y auténticos. Para que quede claro, a las mujeres no las divido, porque las pocas mujeres que hay en mi vida son y siempre han sido y serán mujeres auténticas de las de verdad.

=> Los hombres Tóxicos, empezando por mi padre y sumando una larga lista de ex amantes, ex amigos y ex parejas (incluido el que me quemó los coches, o el memo que pretendió echarme de su vida con excusas baratas — podéis leerlo en la Constante de Plank ) suelen ser hombres ególatras, sin estudios ni formación académica de ningún tipo, con más orgullo que capacidad o interés por aprender, que jamás reconocen sus errores, nunca piden disculpas y siempre sienten la necesidad imperiosa de justificar sus actos comercializando medias verdades y malmetiendo contra las personas para que todo su círculo (sin conocerme) me juzgue apropiadamente según sus intereses.

=> Los hombres auténticos han sido pocos… pero los conservo como amigos, como amantes, como familia… son personas que siempre han sabido acompañar mi tristeza, comprender mi ausencia, celebrar mis éxitos, aceptar mis disculpar y pedirme perdón cuando me han hecho daño. Las personas de verdad, las que te aman y te quieren, te desean lo mejor… no intentan (como intentan los tóxicos) comerte la cabeza justo en el preciso momento en el que saben que otra persona que te aprecia de verdad te ha regalado un viaje para que te desconectes (porponer un ejemplo).

Mandar a la mierda a la gente es terapéutico y ahora que viajo me estoy acordándo de por qué me gustaba tanto: hacer un viaje largo lleno de transbordos e incertidumbres te lleva a ir deshaciéndote de todo lo que te sobra por el camino… y no me refiero sólo a lo que pesa en la maleta del equipaje, sino a la mochila emocional.

Ayer pasé una noche maravillosa con un amigo que lejos de hacerme sentir pequeña me ha hecho vibrar de nuevo y volver a abrir esas alas que no estaban tan rotas como yo creía (y sí, estuve con el mismo Pirata que me hizo la foto del post anterior).

Esta mañana, he cruzado en bus hasta Madrid con unos chicos que viajan a mi vieja ciudad de la infancia de despedida de soltero y boda… nunca me había reído tanto ni se me había hecho tan corto un viaje tan largo en autobús (gracias, Charlie, te prometo que ésta te la devuelvo con intereses).

En la Estación Sur me crucé con mucha gente muy amable que me ayudaron a encontrar y pagar el cercanías hasta el tren en el que me encuentro dirección a mi destino.

Incluso tuve un pequeño accidente con una pobre mujer en Chamartín a la que le cayó mi maleta por las escaleras y le dio un porrazo… perdí el culo por hielo para su chichón y por asegurarme de que estaba bien y, a diferencia de como suele ocurrir en la Sierra de Francia (gracias a Dios que no hubo sangre ni conmoción de ningún tipo), quedó en unas risas. Nos contamos nuestros viajes y las cosas bonitas de la vida y celebramos la suerte que habíamos tenido de que no había sido más que una anécdota.

Ahora escribo desde el tren, porque evidentemente, una vez que me baje voy a cerrar comunicaciones y voy a hacer exactamente aquello para lo que me he embarcado en esta aventura: disfrutar y no preocuparme por nada más. Cuando regrese os contaré más detalles. Porque hay más.

Pero os voy a dejar unas capturas de pantalla con las conversaciones más divertidas y estúpidas que he tenido con una de esas personas a las que califico como tóxicas… ¿a ver qué opinais? (especial atención a los horarios comunicacionales y a la estructura del lenguaje, pot favor).

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